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Dictaduras latinas: una comparación, por Francisco Miró Quesada Rada

“La dictadura de Nicolás Maduro seguirá sólida mientras tenga el apoyo de los militares”.

Francisco Miró Quesada Rada Ex director de El Comercio

Aguilar

“Puede que la dictadura, incluso con el apoyo militar, no logre sostenerse ante el desborde del pueblo venezolano que exige su libertad”. (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa)

En mi último artículo (“¿Qué tipo de dictadura es el chavismo?”) definí la tiranía que encabeza Nicolás Maduro en Venezuela como cívico-militar. En realidad, recién con Maduro el régimen terminó siendo una dictadura, porque su antecesor, Hugo Chávez, fue elegido libremente por el pueblo venezolano, al que poco a poco le fue arrebatando el poder, hasta llegar a la situación actual en donde la usurpación es definitiva. Sin embargo, es un hecho también que la oposición tuvo al menos un espacio para actuar, lo que significa que Maduro, a pesar de todos los abusos que cometió, no ha podido cerrar el círculo del poder absoluto.

Lo que sí ha cerrado, no obstante, es el círculo de la información. En una democracia, la información es abierta y se puede distribuir. En las dictaduras, en cambio, la información es concentrada. El control del flujo informativo se hace desde el Estado o a través de medios de comunicación puestos al servicio de la dictadura, como sucedió en nuestro país durante el gobierno de Alberto Fujimori en el que, salvo excepciones, la mayoría de los medios de comunicación se sometieron al régimen.

Hagamos una comparación entre las dictaduras de Chávez, Fujimori y Augusto Pinochet.

Fujimori fue elegido por el pueblo, pero –a diferencia de Chávez– dio un golpe de Estado tradicional en 1992. La alianza cívico-militar se formó de manera inmediata con un triunvirato que incluía, además de él, a Vladimiro Montesinos y al general Nicolás Hermoza Ríos. La particularidad del fujimorismo es que, tras el golpe de Estado desde Palacio (esa es la palabra técnica), el régimen convocó a una Asamblea Constituyente, y posteriormente a elecciones, aunque quedándose en el poder y lanzando su candidatura desde ahí.

El gato en el despensero estuvo apoyado por una Constitución hecha a su medida que, además, incorporó la figura de la reelección inmediata. Esto mismo –la reelección inmediata– junto con un organismo electoral al servicio del poder, ocurrió también con Chávez y Rafael Correa. Y ocurre ahora con Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales. Fujimori dio un golpe al que le sucedió la usurpación. En los otros casos, no hubo un golpe tradicional, sino que se utilizó el aparato estatal para usurpar el poder y la libertad de los pueblos.

En otras palabras; van dando golpes de a pocos y certeros contra la oposición y la prensa incómoda.

La dictadura de Pinochet, por otro lado, nació de un golpe de Estado militar, que estuvo respaldado por Estados Unidos, por el imperialismo norteamericano que se “olvida” de la democracia cuando gobiernan autoridades elegidas democráticamente que no están sometidas a sus intereses hegemónicos, que fue precisamente lo que sucedió con Salvador Allende, un líder democrático y respetuoso de la ley que intentó llevar a cabo una transformación socialista-democrática en libertad.

La feroz dictadura de Pinochet cayó luego de perder un plebiscito con el que buscaba continuar en el poder. También cayó el fujimorismo. Y, como se sabe, recientemente por un indulto mal otorgado Fujimori retornó a prisión.

Pero ¿qué pasará con la dictadura de Maduro? ¿Cómo caerá? Esta seguirá sólida mientras tenga el apoyo de los militares. Sin embargo, puede darse el caso de que esta alianza se rompa y que Maduro finalmente caiga, como vaticina Juan Guaidó.

En un tercer escenario, puede que la dictadura, incluso con el apoyo militar, no logre sostenerse ante el desborde del pueblo venezolano que exige su libertad.

Eso sí, una intervención extranjera encabezada por Estados Unidos sería nefasta y peligrosa para la democracia en la región, porque abriría más brechas y divisiones entre este y algunos países latinoamericanos, e incluso entre los mismos latinos.

En cuanto a las dictaduras, las personas tomamos decisiones de acuerdo a nuestro temperamento, nuestros intereses –mayormente económicos– o nuestra concepción del mundo (esto es, nuestra ideología).

Hay quienes rechazamos cualquier tipo de dictadura y quienes están con ellas sin importar el color político. También quienes apoyan a Fujimori y a Pinochet, pero están contra Maduro. Y, por supuesto, los que apoyan a Maduro pero están contra los otros dos.

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