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El dilema del indulto, por Gonzalo Portocarrero

“La ciudadanía que está a favor del indulto opina desde la gratitud y la admiración por la supuesta firmeza de Fujimori”.

Giovanni Tazza

"El presidente Pedro Pablo Kuczynski no acaba de tomar posición". (Ilustración: Giovanni Tazza)

"El presidente Pedro Pablo Kuczynski no acaba de tomar posición". (Ilustración: Giovanni Tazza)

"El presidente Pedro Pablo Kuczynski no acaba de tomar posición". (Ilustración: Giovanni Tazza)

Nuevamente el país se encuentra dividido entre quienes claman por el indulto a Alberto Fujimori y quienes lo rechazan. Para los más recalcitrantes entre los primeros, el mismo juicio contra el presidente está viciado por una sentencia espuria que debería ser anulada. El fundamento de la sentencia es la teoría de la “autoría mediata” que responsabiliza a los de arriba por lo que los de abajo podrían hacer, aun cuando no haya constancia firme de que los crímenes fueran ordenados desde la presidencia.

Pero creo que la mayoría del 60% de ciudadanos que está de acuerdo con el indulto piensa que Fujimori ya pagó lo que debía y que tendría que ser liberado en recompensa a los méritos de su presidencia. Se le atribuyen dos grandes logros: la captura de Abimael Guzmán (que significa la derrota de Sendero Luminoso) y haber logrado detener la inflación, enrumbando al país hacia una senda de prosperidad, gracias a la adopción del modelo neoliberal.

En cuanto a lo primero, los ciudadanos más avisados sabemos que la captura de Guzmán poco tuvo que ver con la acción mediata/inmediata de Fujimori. Fue la consecuencia del aprendizaje de la Policía Nacional. En particular, del comandante Benedicto Jiménez, quien sembró la idea de un seguimiento a la cúpula del senderismo. No obstante, Fujimori se atribuye el mérito de la detención de Guzmán. Incluso se presenta como su autor inmediato. En todo caso, lo cierto que podría haber en esta reivindicación es que cuando el país temblaba por los asesinatos y los carros bomba, Fujimori se mantuvo firme y se presentó como una garantía de la derrota de Sendero Luminoso.

Sin embargo, su estrategia de lucha, implementada por Vladimiro Montesinos y el grupo Colina, basada en el asesinato de senderistas y sospechosos, no tuvo tiempo de desplegarse ampliamente, pues justo en esos momentos se produce la captura de Guzmán y el desmoronamiento de Sendero Luminoso. Sea como fuere, el hecho es que la ciudadanía le atribuye a Fujimori el mérito de haber detenido a esa organización criminal.

Respecto a lo segundo, la adopción del neoliberalismo, creo que el fujimorismo sí puede reivindicar la autoría de este cambio. Ello pues tuvo una actitud clara y decidida que ahorró discusiones bizantinas permitiendo el inicio de un sostenido auge en la economía peruana.
Entonces, la ciudadanía que está a favor del indulto opina desde la gratitud y la admiración por la supuesta firmeza de Fujimori. El respeto a la legalidad no es un rasgo que la comprometa. En este sector ciudadano es sentido común que mucho más importante que la legalidad es la efectividad. Por lo que el asesinato de subversivos queda inmediatamente justificado.

Los que están en contra del indulto a Fujimori señalan que su gobierno nos llevó al predominio de la barbarie y la corrupción en el actuar del Estado. Y, a mediano plazo, al debilitamiento de las instituciones y partidos políticos que pierden importancia frente a la concentración de poder en el Ejecutivo y la instauración de mafias en todas las oficinas públicas. En todo caso, el gobierno no pudo consolidarse como una dictadura debido a la libertad de prensa y las múltiples denuncias que lo cuestionaron. Desde esta perspectiva, el indulto a Fujimori representa una legitimación retroactiva a una política que nunca debió implementarse y que jamás se debería repetir.

Como consecuencia ahora estamos en el dilema. El presidente Pedro Pablo Kuczynski no acaba de tomar posición. Más de una vez los fujimoristas han insinuado que liberar a Fujimori sería fundamental para la colaboración entre el Ejecutivo y el Legislativo. Mientras no se dé el indulto el Legislativo queda en libertad para obstruir las políticas de gobierno. Por tanto, un acercamiento pragmático a la coyuntura llevaría, idealmente, al indulto y a un entendimiento entre ambos poderes del Estado.

Si no hay indulto se reactivaría la oposición a manera de entorpecer sin otra motivación que no sea la venganza. También la percepción, aunque muy discutible, de que el desprestigio del Gobierno sería capitalizado por el fujimorismo. Pero el otorgamiento del indulto no garantiza nada a PPK, quien se quedaría sin prenda que negociar. Salvo que Fuerza Popular se decida a plantear un esquema de colaboración, en el entendido que el éxito de un gobierno de convergencia sería lo mejor para los peruanos, incluyendo a los fujimoristas.

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