Conozca el interior

Una alternativa espiritual para el frustrado viaje presidencial.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    A la señora Boluarte la bajaron del avión. Cuando todos pensábamos que la votación del Congreso para autorizar su viaje a los Estados Unidos sería solo un trámite, 55 legisladores de variada extracción partidaria le dijeron que no. Que mejor se quedase por aquí nomás para atender los incendios forestales que están arrasando con campos y animales por todo el país, y que ya han cobrado la vida de 18 personas. Tras la negativa, la gobernante pretendió convencernos de que el asunto no la había afectado demasiado y, en un mensaje a la nación, sostuvo más o menos que “al cabo que ni quería”. Pero era evidente que la habían dejado con los crespos hechos. No es difícil imaginarla haciendo maletas mientras veía sus novelas turcas en Palacio y deliberando con alguna amiga qué colorcito pastel debía echarse encima para asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Anticipando, en buena cuenta, lo que serían unos días de esparcimiento en Nueva York, lejos del abucheo que la persigue por calles y plazas, y de las preguntas incómodas del Ministerio Público. Además, con respecto a la denuncia que planteó en ese mismo mensaje sobre algunos congresistas que “estarían siendo influenciados para votar en contra de la [reconsideración] de la autorización del viaje”, lo que se ha sabido luego es que la cosa fue al revés. Esto es, que fueron voceros del Ejecutivo, más bien, los que trataron de persuadir a algunos de los miembros de la representación nacional de ser buenitos y respaldar la reconsideración de marras y, en última instancia, el viaje. O sea que, ganas de seguir acumulando millas, la señora tenía.

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