Doctorado en impunidad, por Federico Salazar
Doctorado en impunidad, por Federico Salazar
Federico Salazar

Periodista

César Acuña Peralta ha ordenado reestructurar la Universidad César Vallejo (UCV), de su propiedad. Se equivoca. A quien tiene que reestructurar es a César Acuña Peralta.
Tiene que rehacerse. Debe agradecer a este proceso electoral que él y todo el Perú se hayan enterado de que él no es quien dice ser.

César Acuña no escribió el libro “Política educativa”. César Acuña no es doctor en Educación. No es magíster en Administración de la Educación. Tampoco es ingeniero químico.

César Acuña ha ostentado estos títulos sin haber calificado para ellos. Los ha conseguido, pero no calificó para ello. Los ha conseguido a través de prácticas inmorales. Como consiguió ser autor de un libro que no escribió.

César Villanueva, aliado político de Acuña, ha dicho que se ha hecho una ‘carnicería’ con el candidato de Alianza para el Progreso. A estas alturas, sin embargo, resulta insostenible la defensa de que lo atacan porque es serrano, porque está arriba en las encuestas o porque le hacen la guerra sucia.

Lo retrata muy bien la frase con que concluyó la conferencia de prensa sobre lo que hizo con el libro del profesor Otoniel Alvarado Oyarce: “Si piensan que es malo publicar un libro, pido disculpas. Muchas gracias”. No es malo publicar un libro, sino publicar bajo su nombre el libro de otra persona.

Al margen de la tipificación penal, lo que ha hecho Acuña es un robo. Lo ha cometido, además, con toda la planificación. Primero puso al autor, luego se puso él como coautor y finalmente sacó al autor y quedó él solito.

No es magia, es robo. La propiedad intelectual no es distinta a la propiedad mueble o inmueble. Si tomas una propiedad intelectual que no es tuya, es tan robo como cuando tomas una casa que no es tuya o un dinero que no es tuyo.

Acuña ha argumentado que hubo coautoría. Es mentira. Él no aportó ni una letra del texto. Solo aportó la sustitución de un nombre por otro, en una intervención editorial en la que también tiene responsabilidad legal la universidad.

Ninguna editorial puede tomar el texto de un autor y cambiarle el contenido. Beatriz Merino, flamante presidenta ejecutiva de la universidad de Acuña, puede decirlo. Imaginemos que una editorial le cambiara parte del contenido a un prólogo escrito por su amigo Mario Vargas Llosa.

Si Beatriz Merino fuera la presidenta ejecutiva de esa editorial, no lo habría permitido. La UCV lo permitió y participó de ese acto delincuencial. Lo peor es que ese acto solo fue parte de una secuencia de hechos que termina con la apropiación completa del libro por César Acuña, como autor.

¿Cómo se manejó esa universidad? ¿Qué seriedad administrativa y académica puede tener una universidad cuyo rector roba un libro y le pone su nombre?

El candidato presidencial, por su lado, tiene que revisar su vida. Si fue capaz de hacer algo así en el 2002, ¿qué fue capaz de hacer antes? Si mintió y estafó desde que era universitario, ¿qué pudo hacer después? Ya sabemos que avanzó en esa carrera hasta el doctorado.

Cabe preguntarse, sin embargo, sobre las demás actividades del señor Acuña. ¿O pensamos que su única debilidad es la de tomar títulos falsos, robar autorías ajenas y adulterar contenidos académicos?

Una persona que es capaz de poner su nombre en el libro de otro y sacar olímpicamente al autor, ¿no tiene un problema de desapego en relación a la moral y de incapacidad de coordinar con la realidad?

La candidatura a la presidencia es, ahora, lo de menos. Hay delitos y hay un historial. Tiene que revisarse todo el historial del señor Acuña. Tenemos que saber por qué y cómo llegó tan lejos en el doctorado de la impunidad.