El presidente Martín Vizcarra visita la escuela especial de San Cristóbal, en Huancavelica, el pasado 23 de octubre.
El presidente Martín Vizcarra visita la escuela especial de San Cristóbal, en Huancavelica, el pasado 23 de octubre.
Federico Salazar

Periodista

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No debe haber ningún pretexto el próximo 11 de abril. Lo dijo el presidente , en Huancavelica, esta semana.

El presidente Vizcarra busca pretextos para distraernos. No quiere que se insista en preguntarle sobre los casos de que lo involucran.

Él dice que hay “intenciones” para postergar las elecciones. ¿Cuáles serían?

No ha querido señalar personas, “pero sí los partidos. Hubo un pedido de un miembro de Acción Popular y de Alianza para el Progreso”, con Rosa María Palacios.

Refirió Vizcarra que se trató de una conversación “en el mejor de los términos, muy amable [...] simplemente fue un análisis de diferentes perspectivas”.

No ha sido ahora, sino cuando las cifras de contagios y muertos subían. Estos dos congresistas no tenían “intenciones”. Le plantearon este escenario en una conversación.

No hubo, pues, trastienda, ni chantaje, ni presión, ni “intención” de postergar las elecciones.

El presidente Vizcarra miente. Alude a unos planes antidemocráticos. Transforma una conversación del pasado en un complot del presente.

“Estamos viendo que salen a la luz y vamos entendiendo por qué tanto afán de ataque al Gobierno para tratar de generar caos, desorden, que no lo vamos a permitir porque seguimos trabajando”, dijo en Huancavelica.

Lo que ha salido a la luz son imputaciones de corrupción de Martín Vizcarra cuando era gobernador de Moquegua. No hay “ataques al Gobierno”.

Nadie quiere generar caos. El mandatario, ¿se refiere, quizá, a la aprobada para discutirse en el Congreso?

¿Quiere el presidente Vizcarra que el Congreso se quede mudo ante denuncias de corrupción sobre él? El Congreso, ¿debe mirar a otro lado, no vaya a ser que se produzca “caos”?

La vacancia por incapacidad moral permanente es una institución de la Constitución. No debe haber caos si se discute sobre ella. Tampoco hay caos si se cierra constitucionalmente el Congreso.

La mentira es inmoral. Si se miente permanentemente, hay incapacidad moral permanente.

Imaginemos un presidente permanentemente mentiroso. El Congreso podría declarar esa incapacidad moral y el cargo quedaría vacante.

El Congreso actual –creemos– no tiene la fuerza política ni moral para hacer tal declaratoria. No en este momento, al menos.

El Congreso tiene, sin embargo, todo el derecho (y hasta el deber) de discutir este tema. No puede considerarse situación de caos que un poder del Estado ejerza sus funciones dentro de la ley.

El Ministerio Público, ¿ a Martín Vizcarra? No. Hace lo que tiene que hacer.

Hablar de caos y de “intenciones” de postergar las elecciones es, evidentemente, una distracción.

El presidente Vizcarra quiere hablar de eso y no quiere que hablemos de la declaración de testigos sobre .

Un exministro ha declarado ante el fiscal Germán Juárez que él organizó una cena para Martín Vizcarra. Ahí el presidente habría cobrado un saldo, de US$60 mil, de una coima.

No quisiéramos tener la imagen de Martín Vizcarra recogiendo seis fajos de US$10 mil de una repisa.

No quisiéramos imaginar esa bajeza moral. Lamentablemente, tenemos que abrir los ojos, y esperar una respuesta del imputado, no el cuento del caos.

Vizcarra no debe distraernos. Nadie más que él debe responder.