Cuando el crimen organizado quiere controlar una elección, no manda mensajes ambiguos, secuestra sin rodeos la democracia. En los momentos más decadentes del narco en , fue capaz de volar un avión para intentar eliminar al entonces candidato presidencial César Gaviria, quien se salvó por un cambio de planes. Plata o plomo. En , los carteles del narcotráfico asesinaron a cientos de candidatos que les eran hostiles en el 2021, mientras en otras regiones el cártel Jalisco Nueva Generación impuso candidatos e intimidó a los electores para que solo votaran por aquellos que les eran leales. Cuando las economías ilegales quieren intimidar, lo hacen sin recato, lo hemos visto en Ecuador, Haití y en muchos países fallidos.

Imaginemos lo que se viene. Si nos enfrentamos a enemigos parecidos, es bastante predecible. Con más organizaciones políticas que en cualquier otro proceso electoral, el crimen organizado infiltrará candidatos, es solo cuestión de distribuir los recursos. Si ahora parece que los legisladores son complacientes con las economías ilegales por intereses patrimoniales, las elecciones del 2026 nos mostrarán candidatos defensores de las economías ilegales. Ya puede usted imaginarse su discurso: “Compatriotas presentaré un proyecto ley para que se asigne una partida presupuestal para distribuir bonos que alivien a aquellas familias que viven en los distritos agobiados por la extorsión”.

Si algún candidato decide desafiarlos, pues lo eliminarán. Comenzaremos a presenciar una campaña política donde los candidatos contratarán sus propios ejércitos personales. Como en el renacimiento italiano, aparecerán los ‘condottieri’ criollos, aquellos líderes de mercenarios profesionales que ofrecerán sus servicios de protección a cambio de poder y dinero. Luego, cuando se haya normalizado la escalada de violencia sanguinaria, algunos de estos mercenarios saldrán en televisión para hacer recomendaciones sobre cómo usar un chaleco antibalas en un mitin político, o qué hacer si en mi lugar de votación explota una bomba.

En momentos cuando la derecha política peruana cree que sus enemigos más poderosos son los caviares a sueldo de la progresía mundial de Usaid, y la izquierda sigue denostando a la coalición autoritaria mientras justifica la elección de Maduro, el optará por ser muy pragmático e intentará tomar los principales canales de ‘streaming’ a punta de auspicios de dudosa procedencia. Empresas que lavan dinero decidirán qué candidato recibe tribuna. ¿Está el ‘streaming’ preparado para la arremetida del crimen organizado?

En un país donde nadie se hace responsable de nada y nadie renuncia, donde los puentes se caen sin culpables, y los aeropuertos no tienen vías de acceso ni buses que transporten maletas porque quién necesita llevar maletas en un avión, las elecciones del 2026 se perfilan como la campaña plata o plomo, y creo que nadie imagina lo inevitable que es ni lo macabra que puede llegar a ser.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Gonzalo Banda es Analista político

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