Encuestas que sacan de quicio, por Alfredo Torres
Encuestas que sacan de quicio, por Alfredo Torres
Alfredo Torres

“Las encuestas nunca aciertan” es un mantra que repiten algunos ofuscados candidatos en cada elección ante los resultados adversos. La verdad es que las encuestas no son pronósticos y, por lo tanto, no se puede pretender que meses antes “acierten” el resultado final, pero la experiencia peruana demuestra que por lo general narran bien la película y la última imagen suele esbozar el resultado final con plausible aproximación. Al menos eso es lo que revela la revisión de las encuestas efectuadas por Ipsos (antes Apoyo Opinión y Mercado) en todas las elecciones presidenciales en el Perú, desde hace 25 años. 

En 1990, Mario Vargas Llosa ganó la primera vuelta y Alberto Fujimori la segunda. Ambos resultados fueron anticipados, así como también el explosivo crecimiento de Fujimori en las últimas semanas que lo llevaron a quedar en segundo lugar en la primera vuelta. Aunque gran parte de la ciudadanía no pudo informarse porque entonces estaba prohibido publicar encuestas los últimos 15 días y no había redes sociales, me tocó dar esa sorprendente información ante una concurrida conferencia a la prensa extranjera días antes de las elecciones generales.

En 1995 y el 2000, las encuestas registraron la preferencia mayoritaria de Fujimori en el electorado de entonces, así como el previsible segundo lugar de Javier Pérez de Cuéllar en 1995 y la sorpresiva segunda ubicación de Alejandro Toledo en el 2000. Hasta febrero de aquel año, el segundo lugar era de Alberto Andrade y el tercero de Luis Castañeda. Toledo pasó de 10% en febrero a 22% en marzo, y a 40% de los votos válidos en abril.

En el 2001, las encuestas midieron bien el apoyo mayoritario del electorado a Alejandro Toledo, que estuvo siempre por encima de 30% desde enero y que ganó la primera vuelta con 36,5%. También registraron el avance de Alan García que empezó en tercer lugar y pasó al segundo puesto –desplazando a Lourdes Flores– en víspera de la primera vuelta electoral. Los resultados de la primera vuelta fueron 25,8% para García y 24,3% para Flores. Dos semanas antes, Flores le llevaba tres puntos de ventaja a García que arremetió al final. Del mismo modo, las encuestas registraron la ventaja de Toledo sobre García en la segunda vuelta que concluyó en su victoria.

En el 2006, las encuestas registraron el buen arranque de Flores y su desplazamiento primero por Ollanta Humala y luego por García. Humala pasó al primer lugar en la primera vuelta con 30% a principios de marzo, un mes antes de las elecciones, y ganó con 31%. García volvió a superar a Flores, esta vez 24,3% a 23,8%, después de haber estado empatados en la última encuesta de intención de voto. Del mismo modo, la ajustada victoria de García sobre Humala en la segunda vuelta fue registrada por las encuestas de punta a punta.

Las elecciones del 2011 fueron quizá las más movidas, y todos los cambios fueron seguidos por las encuestas. Arrancó Toledo adelante seguido por Keiko Fujimori y Castañeda. Luego empezaron a subir Humala y Pedro Pablo Kuczynski a costa de Toledo y Castañeda. Recién la tercera semana de marzo pasó Humala adelante y Toledo cayó al tercer puesto. Fujimori retuvo su ubicación en segundo lugar. Por último, PPK llegó al tercer lugar los primeros días de abril, una semana antes de las elecciones, empujando a Toledo y Castañeda al cuarto y quinto lugar, respectivamente. Ese fue el orden final.

La elección más difícil de medir fue la segunda vuelta del 2011, ya que la distancia entre Humala y Fujimori era mínima. Se decía con razón que estaban en “empate técnico”. De acuerdo a Ipsos, Fujimori empezó ligeramente adelante y Humala la sobrepasó en el tramo final, gracias al apoyo de Mario Vargas Llosa y otros que lo comprometieron a firmar la hoja de ruta. El ajustado triunfo de Humala sobre Fujimori (51,4% a 48,6%) fue anticipado con una precisión notable.

Ahora, a seis semanas de las elecciones, es natural que varios candidatos se encuentren al borde de un ataque de nervios. La tentación de golpear a las “malditas encuestas” es humana, pero al hacerlo los candidatos solo revelan su fragilidad emocional. Como decía El Comercio en su editorial del jueves, las respuestas de los candidatos a las encuestas adversas y a la crítica periodística “reflejan aspectos de la personalidad bastante relevantes. Mesura, autocrítica y, sobre todo, capacidad de enmienda y reacción no son atributos banales en quien aspira a gobernar un país”. Lo que deben recordar los candidatos para tranquilizarse es que la historia peruana demuestra que las últimas semanas son cruciales en cada elección, así que nada es definitivo aún.