Bernardo Navarro es el nuevo embajador de los Estados Unidos en el Perú. Las notas de prensa mencionan su experiencia en el sector financiero, inmobiliario y de inversión.
Según el “Miami Herald”, esa experiencia tiene que ver con acusaciones de fraude, acuerdos con firmas impagas y con la Reserva Federal.
Su negocio principal fue durante la pandemia. Su empresa recibió cientos de millones de dólares del gobierno para ayudar financieramente a empresas en problemas.
La filantropía está bien, pero esto era dinero del gobierno. Navarro comisionaba por canalizar ese dinero. Quedó debiendo dinero a sus proveedores de servicios y a la Reserva Federal. Y tuvo que hacer acuerdos de devolución de fondos que no le pertenecían.
Navarro dice que “muy rara vez un presidente norteamericano ha designado a un embajador político en el Perú”. Tiene razón. Normalmente había profesionalismo y carrera diplomática. Hoy, no.
Navarro fue uno de los financistas de la campaña del actual secretario de Estado, Marco Rubio, en el 2015. Diplomacia, no; amistades, sí.
Dice ‘Bernie’ Navarro (Bernardo es “too Spanish”) que tiene tres misiones. Reconocer al Perú como un país “amigo”. Destacar su importancia. Promover “la libertad económica, el comercio, la innovación y la seguridad y cooperación mutua”.
El amigo de Navarro, Marco Rubio, acaba de ser nombrado algo así como gobernador de Venezuela. Un decreto presidencial (de EE.UU.) encarga a su secretario de Estado supervisar los fondos obtenidos de la venta de petróleo venezolano.
Este es el derecho internacional al que adhiere el embajador estadounidense en el Perú. Este es su concepto de democracia: pactar con el gobierno chavista corrupto para manejarle las cuentas petroleras.
Dice Navarro que los Estados Unidos y el Perú tienen casi 200 años compartiendo valores de libertad, democracia y libre comercio.
¿Libre comercio? El señor Trump es el enemigo número uno del planeta del libre comercio. Usa la política arancelaria para chantajear, obtener ventajas, sometimientos y alineaciones.
Al Perú, como país “amigo” le suben los aranceles a 10%, por encima de lo pactado en el tratado de libre comercio. Respeto a los contratos, cero. Respeto al libre comercio, cero.
China comunista invirtió en el Perú casi US$30 mil millones en la última década. Estados Unidos, no llega al tercio. ¿Somos país “amigo” o simple carne de cañón en la guerra comercial iniciada por Donald Trump?
Un hombre de negocios como embajador, en este contexto, no es la mejor idea.
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