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El extraño caso del Dr. Kuczynski y el Sr. PPK, por Fernando Rospigliosi

"PPK y su gobierno han sufrido varias mutaciones en las últimas semanas, como consecuencia de la carencia de una estrategia y un equipo político".

Fernando Rospigliosi Analista político

PPK

(Foto: Archivo El Comercio)

"Dos PPK distintos en dos días.". (Foto: Archivo El Comercio)

El martes pasado, el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) en una entrevista con Milagros Leiva (RPP TV) sostuvo que la huelga y los reclamos de los maestros se explicaban debido a su frustración después de una década en la que sus salarios no habían aumentado casi nada. Es decir, dio una explicación comprensiva del problema y se mostró abierto al diálogo y la conciliación. Era el auténtico PPK, moderado y apaciguador.

El miércoles apareció otro PPK en un breve mensaje grabado a la nación, un PPK perfilado por ministros y asesores, leyendo el teleprónter y fingiendo ser enérgico, negando la posibilidad de diálogo con quienes calificó como violentistas.

Dos PPK distintos en dos días. Inevitablemente trae a la memoria la novela de Robert Louis Stevenson “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, donde el buen doctor Jekyll se transformaba en el diabólico señor Hyde, aunque ambos eran la misma persona.
En realidad PPK y su gobierno han sufrido varias mutaciones en las últimas semanas, como consecuencia de la carencia de una estrategia y un equipo político. El resultado es que van de tumbo en tumbo, desconcertando al país e irritando a la población.

Uno de los problemas es que el Ministerio del Interior (Mininter) ha ‘policializado’ la respuesta al conflicto con los maestros, al acusar a ciertos dirigentes de pertenecer a organizaciones extremistas, pretendiendo impedir toda negociación con ellos.

Una cosa es que la policía identifique a posibles cabecillas del Movadef, Puka Llacta y otros, y los vigile y eventualmente detenga en caso de que cometan un delito. Y cosa muy distinta es que a partir de la sospecha de que algún dirigente está vinculado a alguno de esos grupos, se les considere terroristas y se cierre la posibilidad de un diálogo, a pesar de que ese dirigente realmente cuente con el respaldo de un sector de maestros. Esto último es lo que está haciendo el Mininter, arrastrando intermitentemente al Gobierno en ese camino.
Esto hay que diferenciarlo, por supuesto, de la represión y denuncia de delitos como bloqueo de carreteras, ataques a la policía, invasión de aeropuertos, etc., hechos que son protagonizados no solo por presuntos miembros de esos grupos, incidentes que hay que sancionar con todo el peso de la ley.

En suma, ‘policializar’ el tratamiento de la huelga es seleccionar con criterios policiales –que no siempre son exactos– y no políticos a los posibles interlocutores, cerrando la puerta a varios que, a juzgar por lo que está ocurriendo, tienen un significativo respaldo.

De hecho, la ministra de Educación Marilú Martens contravino esa línea de acción en el caso de la dirigencia del Cusco encabezada por Ernesto Meza Tica, denunciada política y penalmente por el Mininter: negoció con ellos y llegó a un acuerdo el miércoles 9, antes de la reunión en Palacio.

Martens se rectificó públicamente: “Y si yo tengo que pedir disculpas por eso [haber vinculado a los maestros con Sendero Luminoso], yo las pido porque tengo profesores que son realmente ejemplos”. (“Correo”, 12/8/17).

No obstante, en un nuevo viraje, el Gobierno ha insistido en su postura anterior, con el resultado de reforzar precisamente a los intransigentes interesados en continuar la huelga. Y de paso, han terminado de liquidar a Martens.

Responsabilidad especial tiene Fernando Zavala, a quien en su condición de presidente del Consejo de Ministros (PCM) correspondía organizar una respuesta coherente del Gobierno. En la práctica, ha dejado que cada quien haga lo que le parece. También ha fracasado, en este y otros casos, el Viceministerio de Gobernanza que él creó en la PCM precisamente para prevenir y gestionar los conflictos sociales y que, en esta oportunidad, ha brillado por su ausencia.

Cuando hace poco la oposición interpeló al ministro del Interior a raíz de una pequeña marcha del Movadef, el Gobierno minimizó el suceso. Sin embargo, ahora se infla a ese grupo hasta el paroxismo, como si tuviera una enorme influencia y control sobre el magisterio, y estuviera a punto de desatar una hecatombe. Un gravísimo error que ha empeorado significativamente la situación de la ministra de Educación y ha comprometido al Gobierno en una situación donde, cualquiera sea el resultado, saldrá perdiendo. Además de haberle regalado al Movadef una publicidad que nunca soñó.

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