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La batalla de La Victoria, por Alfredo Torres

“La guerra que ha emprendido Forsyth no es solo contra las mafias: forma parte de una mucho mayor, entre el Perú formal y el Perú ilegal”.

Alfredo Torres Analista político

George Forsyth

Forsyth se hizo conocido como arquero de Alianza Lima y tiene 36 años; pero lo cierto es que, aunque joven, no es un novato. Fue regidor en La Victoria entre el 2010 y el 2014”. (Ilustración: Rolando Pinillos Romero).

Ilustración: Rolando Pinillos Romero.

“Para comenzar, no comprar a los ambulantes”. Así contestó Susel Paredes, en un tuit, a la pregunta de un admirador sobre cómo apoyarla en su lucha contra los delincuentes en Gamarra. La gerenta de fiscalización de La Victoria, designada por el nuevo alcalde, George Forsyth, se hizo popular como actriz y luego como activista LGTB, pero no es nueva en las lides municipales. Ocupó el mismo cargo bajo la gestión de la ex alcaldesa de Lima Susana Villarán y fue candidata por un partido de izquierda a la Municipalidad de Magdalena.

El alcalde Forsyth, de Somos Perú, ha despertado gran expectativa ciudadana porque les ha declarado la guerra a las más de 20 mafias organizadas que operan en La Victoria y que se habían expandido bajo la gestión de Elías Cuba, su antecesor. Cuba, que fue elegido en las filas de Solidaridad Nacional, se encuentra hoy con prisión preventiva, acusado de encabezar la banda Los Intocables Ediles, conocida por extorsionar a los comerciantes del distrito. Pero la dupla Forsyth-Paredes también ha llamado la atención por ser un inusual ejemplo de cooperación entre quien se define como empresario de centroderecha y una activista de centroizquierda.

Forsyth se hizo conocido como arquero de Alianza Lima, el club de La Victoria, y tiene 36 años; pero lo cierto es que, aunque joven, no es un novato. Fue regidor en La Victoria entre el 2010 y el 2014 y vivió la política desde la infancia: su padre, el embajador Harold Forsyth, fue fundador del Foro Democrático y congresista del frente que encabezó Javier Pérez de Cuéllar en 1995.

En La Victoria residen casi 200 mil personas y cuenta con 66 mil empresas inscritas. Es uno de los distritos de Lima con mayor actividad comercial. Como referencia, en Miraflores, otro distrito de gran dinamismo y similar tamaño (9 km2), residen casi 100 mil personas y están registradas 32 mil empresas. La Victoria, que formó parte de Miraflores hasta 1920 y que está por cumplir 100 años de fundación, ha devenido en un distrito muy violento: anualmente se denuncian casi 6 mil delitos en comparación con los poco más de mil en Miraflores.

Forsyth ha empezado su gestión convocando con éxito el apoyo del presidente Martín Vizcarra y del alcalde de Lima, Jorge Muñoz. Junto con el ministro del Interior, Carlos Morán, y el comandante general de la policía, José Luis Lavalle, ha conducido ya varios operativos contra la delincuencia, incluido uno con 2.000 efectivos. El apoyo de Morán y Lavalle es vital porque la banda de Los Intocables Ediles contaba con la participación de oficiales de la policía –incluidos varios generales– y es posible que algunos continúen en actividad.

Los operativos de Forsyth recuerdan a los que hacía Alberto Andrade, el fundador de Somos Perú, cuando fue alcalde de Lima. Andrade, que también había sido alcalde de Miraflores, destacó por su energía para desalojar ambulantes. A diferencia de Forsyth, sin embargo, el gobierno no apoyaba a Andrade. En 1997, por ejemplo, al grito de “adelante, carajo”, lideró a cientos de sus serenos y agentes municipales desarmados en un desalojo de informales, luego de que la Policía Nacional –probablemente bajo la orden de Vladimiro Montesinos– le anunciara a última hora que no lo apoyaría en el operativo.

La ciudadanía apoya a Forsyth y a Paredes porque luchan contra la corrupción y la delincuencia, pero ambos tienen claro que la informalidad no es un tema ajeno. Estos tres males forman parte de un mismo y pernicioso ecosistema. Los ambulantes que toman la calle son luego acosados por las mafias para que paguen cupos por el espacio que ocupan. A su vez, la mayoría son abastecidos por industriales que los proveen de mercadería no registrada, frecuentemente con marcas falsas, para evadir impuestos. En muchos casos cuentan con conexiones eléctricas ilegales que no respetan las normas de seguridad y, por supuesto, contratan ayudantes, operarios y cargadores al margen de la legislación laboral.

No es fácil enfrentar la informalidad. Luis Castañeda nunca lo hizo y permitió –por ejemplo– la proliferación de las combis que congestionan hoy la ciudad. Susana Villarán ordenó el desalojo del mercado de La Parada, pero viajó a Nueva York el día del operativo y los peruanos observamos consternados las imágenes de una violencia callejera descomunal que dejó dos muertos y más de 100 heridos, incluidos policías masacrados por la turba.

La guerra que ha emprendido Forsyth no es solo contra las mafias de La Victoria. Forma parte de una guerra de mucho mayor alcance, entre el Perú formal y el Perú ilegal. La informalidad no se combate solo con incentivos a la formalización. Se requiere que la autoridad imponga el respeto a la ley. La delincuencia no se combate solo con megaoperativos. La ciudad tiene que recuperar sus espacios apoyando a empresas formales que los ocupen. Es absurdo que haya galerías vacías y calles atestadas de informales. Susel Paredes tiene razón: el punto de partida es no comprar a los ambulantes.

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