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¡Desde dentro del Congreso!, por Federico Salazar

“Fuerza Popular no sabe deshacerse de sus propios engendros. No sabe ni ocultar ni corregir sus errores”.

Federico Salazar Periodista

Hechos políticos de la semana

“Lo peor: el espectáculo de un Congreso votando dos veces por lo mismo”. (Foto: Congreso)

Congreso

El Congreso sufre un continuo ataque golpista. Hay quienes, al parecer, quieren crear una opinión contraria a la majestad del Parlamento. Casi todos los días vemos esta guerra de baja intensidad contra este poder del Estado.

Los culpables de esta ofensiva antiparlamentaria no están demasiado lejos. Están ¡en el mismo Congreso!

Cuando el presidente del Congreso declara contra la prensa “mermelera”, deja un pequeño petardo entre las curules. Muestra un Congreso intolerante a la crítica y a la investigación.

Cuando el Congreso adquiere flores por 80 mil soles, deja otro pequeño explosivo en su seno. Otro más, cuando no encuentra quórum para tomar medidas contra la congresista Yesenia Ponce, que mintió sobre estudios que nunca realizó.

A estos pequeños petardos hay que agregar, ahora, una carga explosiva de mayor alcance. Nos referimos al proceso contra los congresistas Kenji Fujimori, Bienvenido Ramírez y Guillermo Bocángel.

Estos congresistas hicieron todos los méritos para ser procesados y sancionados. En la búsqueda de apoyo para sostener al ex presidente Kuczynski hicieron ofrecimientos y contaron de arreglos que habrían hecho, incluidos sobornos por obras públicas.

El oficialismo no ha hecho nada por esclarecer la participación del congresista Moisés Mamani en este episodio. No lo ha hecho, a pesar de que los audios revelan una trama delincuencial.

El oficialismo, además, no ha separado los casos de Kenji Fujimori y los otros dos representantes. Vistos los videos separados, es claro que Fujimori no estuvo presente en la vergonzosa perorata de Ramírez y Bocángel. No escuchó de las comisiones, los nombramientos y las facilidades que obtendrían a cambio de los votos.

Lo peor: el espectáculo de un Congreso votando dos veces por lo mismo.

La Mesa Directiva hizo una votación incluyendo a los miembros de la Comisión Permanente. Para conservar algo de legalidad, el Parlamento desconoció su primera votación y ordenó una segunda.

¿Quién resolvió que la primera votación no valía? ¿Con qué potestad? ¿La Junta de Portavoces puede anular la votación de un pleno?

¿Cuál es el procedimiento para declarar la nulidad de una votación contra derecho? ¿Basta que lo acuerde la Junta de Portavoces?

El fujimorismo quiso formalizar lo mejor posible la suspensión contra los tres congresistas. La formalidad, sin embargo, no basta para cumplir con la legalidad.

La mayoría cree que puede anular la elección de estos congresistas. Los suspende sin fecha fija de retorno. O sea, disfraza su destitución con la figura de la suspensión.

Imaginemos que estos congresistas, o alguno de ellos, fueran declarados inocentes, después de un largo proceso penal. ¿A dónde serían repuestos si quizá ya habría terminado el mandato parlamentario?

Los congresistas procesados, hasta que no sean declarados culpables, no pueden ser separados de su mandato. No solo es un atentado contra los derechos de los congresistas; es, sobre todo, un atentado contra el derecho a elegir de la población.

Ojalá el electorado no los hubiera llevado al Congreso. No han estado a la altura. No fue, sin embargo, la población sola la que los llevó a la representación nacional.

Estos tres congresistas, y Moisés Mamani y Yesenia Ponce, entre otros, fueron llevados al Congreso por Fuerza Popular. ¿Ha hecho FP un mea culpa sobre el tipo de representantes que puso?

Cada uno de estos, además de otros, ha sido una bomba de tiempo. Una bomba de tiempo contra la confianza en el Congreso, contra su autoridad moral, contra su credibilidad.

¿Quién puso estas bombas de tiempo? ¡Fuerza Popular! ¿Quién los juzga saltándose la legalidad de los procedimientos? ¡Fuerza Popular! ¿Y quién omite procesar y, por tanto, blindar a Yesenia Ponce? ¡Fuerza Popular!

Fuerza Popular no sabe deshacerse de sus propios engendros. No sabe ni ocultar ni corregir sus errores. Lo peor, sin embargo, es que el costo del desaguisado no se lo lleva solo la organización política. Le cae encima, sobre todo, a la institución del Congreso de la República.

La vigencia de las leyes viene de su autoridad moral. Esa autoridad moral nace en las personas de los representantes y del respeto que provocan.

Con este Congreso, ¿qué respeto al principio de autoridad cabe esperar?

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