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Dime a quién defiendes…, por Federico Salazar

“La señora Fujimori es dueña de tener estándares muy relajados en cuanto a la idoneidad en la función. Los demás no tenemos por qué aceptarlos”.

Federico Salazar Periodista

Keiko Fujimori

“La señora Fujimori no ve bien las cosas. Quien no ocultó su reunión con periodistas fue Pablo Sánchez”. (Foto: USI).

Keiko Fujimori defiende al fiscal de la Nación, Pedro Chávarry. Ella lidera al grupo político que tiene mayoría en el Congreso. Cabe esperar que esa mayoría defienda, también, al funcionario.

“Las medidas que ha tomado Chávarry me parecen positivas”, ha dicho Fujimori.

Chávarry mintió sobre una reunión que tuvo con periodistas. Se indignó y se preguntó cómo así Hinostroza se irrogaba el derecho de hablar sobre él y sobre las supuestas reuniones. Luego salieron audios que pusieron en evidencia que Chávarry mintió y que actuó esa indignación.

La señora Fujimori sostiene que todo eso fue algo irrelevante. Ella observa que el fiscal de la Nación anterior, Pablo Sánchez, también tuvo una reunión con periodistas, con factura de por medio.

La señora Fujimori no ve bien las cosas. Quien no ocultó su reunión con periodistas fue Sánchez. El que haya una factura señala que tal reunión se formalizó, y se hizo a través de una agencia de prensa.
La reunión con periodistas de Chávarry, en cambio, fue organizada por un juez supremo, nada menos que el cuestionado y suspendido juez César Hinostroza, muy amigo del juez Walter Ríos, que hoy está preso y que mandaba a cobrar sobornos a su chofer.

Dice la señora Fujimori que su rol es “institucional”. ¿Qué de “institucional” hay en el hecho de que un juez supremo organice en la casa de su amigo empresario (hoy preso) una reunión con periodistas para un futuro fiscal de la Nación?

El organizador de la reunión de periodistas en favor de Chávarry no es una agencia de prensa. Es un juez supremo, acusado de liderar una organización criminal.

Hinostroza fue al Mundial de Fútbol movilizando su influencia con el presidente de la Federación Peruana de Fútbol, Edwin Oviedo. Oviedo le pagó en efectivo por las entradas y viáticos.

El juez-agente de prensa no solo asesoró a Chávarry sobre el manejo de su imagen pública. También asesoró a Oviedo para un caso judicial en su contra.

El congresista Miguel Torres (¡de la Comisión de Constitución!) también fue ilustrado por Hinostroza. El parlamentario le preguntó sobre la ley de financiamiento de partidos, en la casa de Antonio Camayo (hoy preso).

No olvidemos, tampoco, que el entonces ministro de Justicia (¡!), Salvador Heresi, también recurrió a Hinostroza sobre un caso de lavado de activos.

La reunión con periodistas no es irregular; lo es la organización de esta por un juez supremo. “La función jurisdiccional es incompatible con cualquier otra actividad pública o privada” (Const., art. 146), al margen de que sea “gratuita” o no.

Esto es impropio, irregular y de ninguna manera idóneo con la función de ambos magistrados. El fiscal de la Nación debe ser acusado constitucionalmente, y eso debe hacerse ya.

La Constitución señala que los magistrados permanecen en el servicio “mientras observen conducta e idoneidad propias de su función” (art. 146). El precepto se aplica a los fiscales, según sus categorías (art. 158).

Para la persona que lidera a la mayoría del Parlamento, la Constitución no tiene sentido. Ni la mentira flagrante sobre un tema jurisdiccional, ni las relaciones con imputados por corrupción afectan la idoneidad para ocupar el cargo de fiscal de la Nación.

El Congreso tuvo que ser forzado por el Ejecutivo para descabezar al Consejo Nacional de la Magistratura corrupto. ¿Mirará al techo, también, en el caso del fiscal de la Nación? La férrea defensa que hace la señora Fujimori del señor Chávarry parece indicarlo así.

Ni ella ni su partido parecen darse cuenta de otro jugador en la cancha: la opinión pública. De ese juicio no se libra nadie.

Fuerza Popular y su lideresa son dueños de jugarse el partido que quieran por quien quieran. El problema es que aquí no está en juego solo Fuerza Popular, sino el Congreso de la República.

No importa que el keikismo se autolesione; sí importa, en cambio, que continúe la degradación del Congreso. Eso, lamentablemente, lo pagamos todos.

La señora Fujimori es dueña de tener estándares muy relajados en cuanto a la idoneidad en la función. Los demás no tenemos por qué aceptarlos.

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