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“Hay plata como cancha”, por Fernando Rospigliosi

Acuña tiene, según Barrenechea, un sistema bastante sofisticado de clientelismo.

Fernando Rospigliosi Analista político

“Hay plata como cancha”, por Fernando Rospigliosi

“Hay plata como cancha”, por Fernando Rospigliosi

Apenas lanzado a la carrera presidencial César Acuña ha trepado al cuarto lugar, muy cerca de Alan García. Algunos ya están especulando con las posibilidades que tiene de seguir creciendo y le auguran un futuro promisorio.

No hay duda que Acuña ha sido exitoso en política: fue congresista por Solidaridad Nacional dos veces -el 2000 y 2001, aunque nadie recuerda su desempeño como parlamentario-, dos veces alcalde de Trujillo y gobernador de La Libertad. Ha llevado a su hijo y a uno de sus hermanos al Congreso y ha hecho a otro de sus hermanos gobernador de Lambayeque dos veces, sin que ninguno de sus parientes tenga alguna cualidad especial. Su primera incursión política fue como candidato a diputado en La Libertad por Izquierda Unida en 1990.

Su receta no es secreta, usa descaradamente y sin complejos el clientelismo. Primero el de sus empresas, en especial las universidades –César Vallejo, Señor de Sipán, Autónoma del Perú- y, cuando ha ocupado un cargo público, los recursos estatales que administra.

El sociólogo Rodrigo Barrenechea ha investigado su desempeño y ha publicado sus resultados en un pequeño libro, “Becas, bases y votos” (IEP, 2014). Su conclusión es que los logros de Acuña se sustentan “en la construcción de una red clientelar y de patronaje, sostenida sobre la base de la relación del partido con el consorcio universitario fundado por su líder máximo”.

Barrenechea detalla cómo las capacitaciones, becas y acciones de proyección social de las universidades de Acuña le sirven para sus propósitos políticos. Tiene, además, un conjunto de operadores del partido rentados por las universidades.

Un alcalde distrital de APP relató a Barrenechea cómo funcionó su “campaña millonaria” financiada por la universidad. Tenía dos camionetas nuevas doble cabina con chofer a su disposición, que a veces se convertían en diez camionetas. Cada camioneta venía con diez jóvenes para hacer el trabajo de “puerteo”, casa por casa. Le proporcionaban además volantes, afiches. Y luego venía el apoyo social a los clubes de madres, vaso de leche, comedores populares, colegios.

La universidad contrataba espacios en los medios de comunicación que entregaba al candidato para su propaganda.

Acuña tiene, según Barrenechea, un sistema bastante sofisticado de clientelismo, ofreciendo salud ambulatoria y educación inicial en lugares donde el Estado no llega. Usa a los estudiantes en trabajo de proyección social y haciendo sus tesis en zonas muy pobres. Otra de sus herramientas es la fundación “Clementina Peralta”, nombre de la madre de Acuña.

Tiene también el Programa Urbano Marginal de Atención Social (PUMAS) con módulos móviles de atención de salud que acompañan a los candidatos en campaña.

Ya en cargos públicos, Acuña ha repetido el esquema. Un largo video grabado siendo alcalde de Trujillo lo muestra dando instrucciones a sus colaboradores para la campaña reeleccionista. Un tema es identificar 100 lugares pobres y 100 familias en cada uno de esos lugares, 10.000 familias. A 5 votos por familia, Acuña calcula ganar 50.000 votos. El método es simple, 100 coordinadores que visitan durante seis meses a esas familias y llevan 50.000 paquetes de víveres o útiles escolares, que entregan con los candidatos de cada distrito, si es posible con el mismo Acuña.

También planea regalar 3.000 soles a cada uno de los 446 comedores populares. También cheques de 5.000 soles a cada uno de los 308 colegios públicos de Trujillo.

Finalmente, Acuña señala la meta: “Queremos seguir gobernando Trujillo, para eso Dios nos da esta oportunidad. Luego yo renuncio, se quedan ustedes de alcaldes, y yo me voy a la campaña presidencial. Tendríamos gobierno local, regional y hasta presidente. Eso ya sería el acabose. Plata como cancha para ustedes.”

El objetivo, la presidencia. La recompensa, plata como cancha. No se le puede acusar de no ser claro y explícito.

En esa oportunidad no se lanzó a la presidencia, lo hizo ahora, poco después de haber subido un escalón más al convertirse en gobernador de La Libertad.

En síntesis, Acuña es un típico producto del nuevo Perú, surgido en los últimos 25 años. Emprendedor exitoso que vende masivamente educación de dudosa calidad, y político hábil que utiliza sin escrúpulos el clientelismo con recursos privados y públicos. Pero eso tiene sus límites, por ahora. Es posible que siga subiendo en las encuestas, pero es muy improbable que pueda tentar el premio mayor.

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