Recoger flores en el infierno

“En este último retorno a la patria tuve la oportunidad de ver y escuchar muchas historias de creatividad ilimitada”.

    Carmen McEvoy
    Por

    Historiadora

    Resumen

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    “En este último retorno a la patria tuve la oportunidad de ver y escuchar muchas historias de creatividad ilimitada”. (ilustración: Víctor Aguilar Rúa)
    “En este último retorno a la patria tuve la oportunidad de ver y escuchar muchas historias de creatividad ilimitada”. (ilustración: Víctor Aguilar Rúa)

    “Dado que el mundo está tan lleno de muerte y horror, intento una y otra vez consolar mi corazón y recoger las flores que crecen en medio del infierno”, señaló el extraordinario escritor Hermann Hesse (1877-1962) en su libro “Narciso y Goldmundo”. Para un intelectual cuya mayor preocupación fue la búsqueda personal, superar lo binario contenía las claves para sobrevivir en un mundo complejo. Hesse sufrió dos guerras mundiales y nos regaló libros tan entrañables como “El lobo estepario”, “Siddhartha” o “El juego de los abalorios”. No cabe la menor duda de que fue su magistral dominio de la palabra lo que le permitió compartir conceptos de gran utilidad para nuestra breve jornada vital, cuyo inevitable destino es la muerte. En “Narciso y Goldmundo”, un libro perfecto para estos tiempos de horrores inimaginables, el pensador alemán exploró el valor de la amistad incondicional en una senda plagada de laberintos, pero también la noción de la vida como escuela, donde la riqueza no se mide en posesiones materiales, sino en experiencias trascendentes. A través de estas últimas, muchas veces marcadas por la violencia, el ser humano aprende a amar, pero también a perdonar, a ser agradecido y a enfrentar sus miedos con la finalidad de forjar un difícil equilibrio entre la mente y el corazón.

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