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Un hombre feliz: Luis Enrique Tord, por Diego de la Torre

“La magia de Luis Enrique era que los momentos compartidos con él se convertían en memorables y entrañables por más breves y sencillos que fueran”.

Diego De la Torre Presidente del Pacto Mundial de Naciones Unidas en el Perú

Luis Enrique Tord

Retrato de Luis Enrique Tord pintado por el artista peruano Macedonio de la Torre en 1973.

Retrato de Luis Enrique Tord pintado por el artista peruano Macedonio de la Torre en 1973.

Retrato de Luis Enrique Tord pintado por el artista peruano Macedonio de la Torre en 1973.

El último domingo, en la iglesia San Francisco de Barranco, fue la misa del mes por el fallecimiento de un gigante de la cultura peruana, Luis Enrique Tord. Para mí, siempre fue el tío Luis Enrique, el pariente más culto que tuve y que con los años se convirtió en un gran amigo, consejero y mentor cultural y personal.

Su imagen eternamente alegre, positiva y llena de vida encendía de cultura, optimismo y amistad todos los salones, comedores y auditorios que tuvieron el privilegio de tenerlo como invitado, conferencista, congresista, regidor, profesor o amigo cercano. Su vida está llena de logros intelectuales, profesionales y personales. De esto se ocuparán los académicos, en lo que anticipo serán sesudos ensayos. Sin embargo, creo que su mayor legado es habernos enseñado, como decía Jean-Paul Sartre, que la felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.

Luis Enrique fue un hombre sabio y feliz. No tuvo deudas con la vida y logró darle sentido a su existencia. Esa serena felicidad se transmite en más de 50 libros y en miles de escritos que son un canto a la vida, a la historia, a la cultura, al arte y, en sus últimos años, al amor y a la mujer. Fue un hombre generoso en todo el sentido de la palabra. Sus cinco hijos, centenares de amigos y su matrimonio de casi 50 años son testimonio de que no seguía la filosofía de Epicuro.

Epicuro nos pide moderación, lo que a veces parece resignación. Pero, como conversamos varias veces con Luis Enrique, parece el consejo de un hombre sin fuego en el alma. Epicuro pensaba que limitándonos evitaríamos el riesgo de sufrir. Sin embargo, con Luis Enrique nos reíamos de buena gana de ese consejo porque vivir con intensidad, aunque nos expone a ciertos riesgos, hace que la vida sea humana y que merezca vivirse.

Un tema muy importante para Luis Enrique fue la mujer. Coincidimos siempre en que es el motor de la vida del hombre y en quien objetivamos muchos de nuestros sueños y de nuestras pasiones. “¡Cherchez la femme!” era nuestro grito de guerra y fue la reflexión sobre su importancia la que concentró parte no despreciable de nuestras tertulias y cavilaciones. En su caso, el intenso amor que sintió por su esposa, Emma Velasco, era una gran inspiración y siempre agradecía a Dios y al destino haberla conocido.

Recuerdo varias tardes, en particular estos últimos años, convenciéndolo en largas tertulias en el bar del Hotel B de Barranco, de que se aventurara en el género de la novela lírica en lugar de la novela estrictamente histórica y erudita. Sus dos últimas novelas, “Diana, verano del 53” y “Pasiones del norte”, son testimonio de su incursión en este género.

Luis Enrique estaba lleno de proyectos e ideas para promover la cultura y para lograr que su obra trascienda mundialmente. Por ejemplo, conversamos mucho acerca de llevar al cine su novela “Imperio en llamas”. Y ya había iniciado conversaciones con Luis Llosa para planear y ejecutar este gran proyecto. Queda a sus amigos y a la comunidad editorial e intelectual continuar divulgando su obra.

La magia de Luis Enrique era que los momentos compartidos con él se convertían en memorables y entrañables por más breves y sencillos que fueran. Su enciclopédica, versátil, interesantísima y espontánea conversación era como un imán que atraía a una multitud de personas a buscar su compañía y amistad.

Octavio Paz decía que los seres humanos podemos ser felices por un instante, pero un instante es una ventana hacia la eternidad. Muchas gracias, querido Luis Enrique, maestro en crear esos instantes de sincera y grata amistad que te harán eterno. Seamos custodios del ejemplo de vida que nos dejaste. ¡Viva Luis Enrique Tord!

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