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Hora del adiós, por Pedro Suárez-Vértiz

La partida del 2016 y los que partieron

Hora del adiós, por Pedro Suárez-Vértiz

Hora del adiós, por Pedro Suárez-Vértiz

Ya pasada la Navidad, toca ponerse a tono con la próxima fecha festiva que marca el calendario: Año Nuevo. Es interesante lo que ocurre aquí, porque no se celebra ningún acontecimiento histórico importante ni mucho menos. Es una fecha universalmente pagana –de hecho, tiene mucho de carnaval– que se festeja por el simple hecho de pasar de un año a otro. Se conmemora de manera emotiva y social una vuelta más de la tierra alrededor del sol. Los jóvenes son los que más esperan esta fecha para irse de fiesta. De niño recuerdo que se hacía cena como en Nochebuena. Pero hoy es un plan más aventurero. Quizás lo recuerdo así por el toque de queda que me tocó vivir en la juventud.

Es emocionante celebrar con amigos el inicio de un año, pues siempre sueñas con que será el mejor de tu vida. Este 2016 que termina hoy tiene particularmente el récord mundial de celebridades fallecidas, según el editor de obituarios de la BBC, Nick Serpell. De seguro más de uno ya ha hecho el recuento, pero solo en el plano musical tenemos a David Bowie, Glenn Frey, Prince, Leonard Cohen, George Michael, etc. A ellos se sumaron Mohamed Alí, Carrie Fisher y Fidel Castro, por mencionar solo algunos. Muchos de ellos partieron sorpresivamente. No pienso en nada ‘intrigante’, sino en una simple consecuencia en el público mayor de 40 de hoy. Son las estrellas de nuestra niñez y adolescencia. Igual les pasó a mis padres con la partida de figuras de la talla de Gregory Peck, Cary Grant, Elvis Presley, Natalie Wood y cientos más. Así que no voy a estigmatizar el 2016 con misterios.

Entonces regresemos al análisis de la celebración de Año Nuevo. Nunca faltan los que hacen todo lo posible para que la suerte llegue. Las supersticiones son todo un rito. Los adultos, a diferencia de los más jóvenes, la pasan de manera más relajada en la playa, en casa de algún familiar o en cualquier lugar lejos de la bulla y la muchedumbre. Ellos buscan relajarse después de todo lo que han trabajado a lo largo del año. La vida como adulto normalmente no tiene muchos descansos, a diferencia de la de los adolescentes. Por eso se busca tanto la paz en esta fecha.

Cuando sean las 12, escríbanle a sus familiares –ya sea por WhatsApp, mensaje de texto u otro medio de mensajería instantánea– en vez de llamar. Siempre se cae la línea y es superdifícil contactar a alguien debido a que todos están llamando para saludar. Igualito que cuando hay un sismo y todos llaman a verificar que sus seres queridos se encuentren bien.

Esta fecha marca el fin de un capítulo y el inicio de uno nuevo. Así es como lo ve y espera la mayoría de personas. Muchos quieren que comience un nuevo año para cambiar o empezar algún proyecto. Quizás es una excusa involuntaria para aplazar más lo que puedes hacer hoy, pero que prefieres hacer mañana.

Hubo tanto enredo y destapes remarcables en el 2016 que solo espero que el 2017 sea un año mejor para todos. Que se pueda catalogar como que durante ese tiempo todo volvió a ir de subida de nuevo. Me gustaría que sea recordado así como aleccionadoramente recuerdan los norteamericanos los famosos ‘Roaring 20’s’ o la década de 1920, en que todo parecía andar perfectamente hasta la bancarrota nacional de 1929. Pero eso no debe ocurrir esta vez, porque de los errores se aprende. Con la experiencia que tenemos, todos podemos lograr que este año entrante sea uno del que podamos atesorar múltiples historias y acontecimientos positivos en el futuro. Seamos un gran país de una vez por todas. ¡Feliz 2017!

Esta columna fue publicada el 31 de diciembre del 2016 en la revista Somos. 

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