Los huaicos arrasan todo en el Perú, por Fernando Rospigliosi
Los huaicos arrasan todo en el Perú, por Fernando Rospigliosi
Fernando Rospigliosi

Analista político

Los huaicos de Lava Jato son muy parecidos a los de piedra y lodo que están devastando gran parte del país. La lluvia de acusaciones se va incrementando hasta convertirse en un torrente incontrolable que demuele todo lo que se interpone en su camino. El barro no respeta honras ni personas y, como las avalanchas, no distingue buenos ni malos, se los lleva a todos de encuentro.

En este caso no es obra de la naturaleza, sino de intereses diversos. Algunos lo hacen para desviar la atención de su propia responsabilidad, otros por odio o venganza, y muchos por intereses políticos o económicos. Pocos son los que realmente están motivados por el sincero deseo de luchar contra la corrupción y sancionar a los verdaderos culpables, evitando involucrar injustamente a quienes no son auténticamente deshonestos.

Para ese efecto se usan los medios de comunicación tradicionales, pero quizás el mecanismo más importante que utilizan los difamadores son las redes sociales, porque allí pueden esconderse en el anonimato y las redes son cada vez más poderosas porque un número creciente de personas se informa –o desinforma– a través de ellas.

Un motivo de inquietud y malestar justificados es la lentitud y lenidad con la que se desempeña el sistema judicial. ¿Acaso podía ser de otra manera? Una fórmula eficaz, que ya funcionó en el año 2000, es la creación de un sistema anticorrupción especial que debería haber impulsado el gobierno con el respaldo del Congreso. Pero a estas alturas parece evidente que ni a uno ni a otro le interesa eso.

Pero las cosas no quedan ahí. Los efectos económicos de Lava Jato son ya evidentes. El gobierno acaba de reducir su optimista pronóstico de crecimiento para este año de 4,8% del PBI a 3,8% (analistas independientes calculan que será menor). Concretamente, ese punto del PBI que se pierde significa 140.000 empleos menos y 320.000 personas que no saldrán de la pobreza. (“Gestión”, 26/1/17). Y esto está referido específicamente al impacto que tendrá el derrumbe de Odebrecht, que ha tenido que renunciar a su proyecto más importante, el gasoducto del sur. Y no solo ha caído esa obra sino otras en las que estaba implicada esa empresa, como la irrigación Chavimochic III.

Por supuesto, no había alternativa. Así hubiera querido, el gobierno no podía sostener económica ni políticamente los proyectos en los que está involucrada Odebrecht. Ni tampoco los de las otras empresas brasileñas comprendidas en el escándalo de corrupción en Brasil y Perú. Y eso ya está rozando a algunas de las socias peruanas de las brasileñas, varias de las cuales son muy grandes en términos nacionales.

En suma, las consecuencias económicas de la corrupción tendrán también el efecto destructor de un huaico.

El asunto es que el que pagará la factura política será el gobierno. Cuando la economía no va bien, si el empleo y los ingresos no crecen, los ciudadanos responsabilizan al gobierno. Puede ser que la causa esté en realidad en la turbulencia económica internacional –como ha ocurrido en los últimos años–, o en una situación imprevista, como es el descubrimiento del gigantesco esquema de corrupción de las empresas constructoras por las autoridades brasileñas. 

Pero eso no le importa a la gente. Si no hay trabajo y los ingresos disminuyen, la culpa se la cargan inevitablemente al gobierno.

De hecho ya existe un desasosiego y una impaciencia que explotan con cualquier chispa: “pishtacos” en Huaycán, peaje en Puente Piedra, que los adictos a las teorías de la conspiración atribuyen a la manipulación de oscuros intereses, pero que más bien estarían expresando insatisfacción y descontento.

Este gobierno ha tenido la mala suerte de inaugurarse cuando el escándalo de corrupción asumía proporciones gigantescas. En medio del revoltijo de acusaciones, en la que todos esparcen fango con entusiasmo, alguien muy frágil empieza a ser manchado: el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK).

No por casualidad el semanario “Hildebrandt en sus trece” (13/1/17) y Alfredo Torres analizando la encuesta de Ipsos en El Comercio (15/1/17) usaron la misma frase: “Odebrecht salpica a PPK”, evidenciando la realidad. 

Los políticos, por supuesto, no son tan mesurados. Jorge del Castillo dice que “PPK no se salva de las investigaciones” (“Perú 21”, 3/1/17). 

Y esto es solo el comienzo.