En el Perú, por muchos años se entendió la empleabilidad como el resultado final de la educación universitaria: obtener un título profesional y luego buscar trabajo. Sin embargo, esta mirada ya no responde a la realidad del país. En un mercado laboral marcado por la informalidad, la rápida transformación tecnológica y las brechas de productividad, la empleabilidad se construye desde el inicio de la vida universitaria.
Las propias políticas públicas peruanas reconocen este desafío. La Ley Universitaria N.° 30220 establece como principio la pertinencia de la formación con la realidad social y productiva del país, y la Política Nacional de Educación Superior y TécnicoProductiva al 2030 plantea de manera explícita la necesidad de trayectorias formativas flexibles, articuladas al mundo del trabajo y orientadas al aprendizaje a lo largo de la vida. En esa misma línea, los procesos de licenciamiento y acreditación refuerzan la exigencia de que las universidades demuestren resultados formativos relevantes, más allá del cumplimiento normativo.
Persisten, no obstante, brechas entre la formación tradicional y lo que demandan hoy las empresas y organizaciones peruanas. Se requieren profesionales con pensamiento crítico, habilidades digitales, ética, trabajo colaborativo y capacidad de adaptación. Estas competencias se adquieren mediante experiencias prácticas tempranas de simulación, contacto real con el entorno productivo y una pedagogía orientada a la aplicación del conocimiento.
La empleabilidad temprana cobra así una especial relevancia en nuestro contexto. No se trata solo de que los estudiantes trabajen mientras estudian, sino de que comprendan desde los primeros ciclos el sentido de su formación, desarrollen habilidades socioemocionales y construyan una identidad profesional sólida. Para un país que busca mejorar su competitividad y reducir brechas sociales, esta aproximación resulta estratégica.
Las universidades peruanas tenemos una responsabilidad central. Formar profesionales empleables no es una concesión al mercado, sino una respuesta coherente con las políticas públicas y un compromiso con el desarrollo sostenible del Perú.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.