Hace 64 años, en 1962, en una casona del distrito de Jesús María, nació la Universidad de Lima. Tenía entonces solo 120 alumnos; hoy supera los 32.000. Más allá de esa cifra, destaca un espíritu institucional claramente definido en el lema ‘scientia et praxis’: conocimiento sólido capaz de brindar respuestas, desde la academia, a una realidad siempre desafiante como la de nuestro país.
En este año de celebración para nuestra comunidad universitaria, además de recordar la trayectoria institucional, corresponde mirar con lucidez los retos de un mundo en transformación. No hablo solo en nombre de la universidad que me honra conducir, sino también desde mi compromiso con el sistema universitario. Los desafíos son muchos, pero al menos tres resultan hoy especialmente urgentes por su vigencia y proyección.
El primero es la incorporación de la inteligencia artificial a la educación superior. La universidad debe integrarla como una competencia transversal de toda la formación, no únicamente como una especialización. Esto exige no solo nuevos contenidos en los planes de estudio, sino también una redefinición del papel del docente. Quien antes transmitía conocimientos hoy debe formar criterio, estimular la creatividad y acompañar un aprendizaje en el que la IA sea una aliada, nunca un sustituto del pensamiento.
El segundo desafío consiste en establecer criterios claros para un uso ético, transparente y responsable de esta tecnología. Más allá de cualquier regulación, necesitamos reforzar conocimientos sólidos, pensamiento crítico y valores. Ante una inteligencia artificial usada sin orientación, la lectura y la investigación conservan plena vigencia. Por ello, la Universidad de Lima inaugura este mes una nueva biblioteca, en el marco de su aniversario 64. Se trata de una apuesta de futuro: un espacio donde la tecnología, incluida la basada en IA, amplía las posibilidades de acceso, análisis y creación de conocimiento, sin desplazar el valor insustituible de los textos.
El tercer reto es la capacidad de respuesta de la institución universitaria ante el entorno en el que viven los estudiantes: hiperconectado, global y cambiante. Debemos ofrecerles una formación que les permita desenvolverse con solvencia en un escenario profesional cada vez más competitivo e impredecible. La universidad debe ser el espacio donde se construyan las competencias para usar con sentido y responsabilidad herramientas tecnológicas que ya forman parte de su presente.
Hay aportes que trascienden el tiempo. Uno de ellos es el rol de la universidad como fuente de conocimiento y referente de sensatez en medio de coyunturas turbulentas. Durante más de seis décadas, la Universidad de Lima ha brindado un valioso aporte en esa dirección. Pero no dejamos de mirar al futuro. Nuestros planes –como el nuevo edificio académico que construiremos próximamente– nos permiten afirmar que seguiremos contribuyendo, desde nuestro lugar, al desarrollo del país. ¡Felices 64 años, Universidad de Lima!
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.