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Liderar en tiempos de crisis: habilidades y errores
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En tiempos de crisis el liderazgo deja de ser un cargo y se convierte en un servicio: sostener el compromiso del equipo cuidando el ambiente y las condiciones que hacen posible el trabajo bien hecho. Ya sea que lideres una familia, un equipo o una organización, tu rol es crear claridad, confianza y dirección cuando todo alrededor se vuelve incierto.
Según el informe de Gallup State of the Global Workplace 2024 y Global Indicator: Retention & Attraction 2024, el líder es responsable del 70 % de la variación del compromiso del equipo. En tanto, el engagement, la cultura y el equilibrio concentran el 68 % de los motivos de salida de las personas de sus empresas.
La brújula práctica son las 5 “I” del liderazgo.
- Indagar para llevar al máximo potencial a sus colaboradores. Es preguntar con intención para abrir posibilidades y entender de raíz lo que los clientes y colaboradores necesitan. Sin escucha profunda, decides a ciegas.
- Iluminar para ser el faro que guía al equipo. Es reconocer y amplificar fortalezas y logros, sobre todo en la tormenta. Las personas rinden mejor cuando saben qué están haciendo bien.
- Inspirar para llevar al máximo potencial a sus colaboradores. Es encender propósito y energía creativa conectando cada tarea con el “para qué” común. Sin sentido, el esfuerzo se agota.
- Incluir para generar más valor y conocimiento. Es dar voz real a perspectivas distintas. La diversidad no es un discurso, es un motor de calidad de decisiones.
- Integrar para alinear a todo el equipo. Es convertir fortalezas, emociones y visiones en acciones coherentes: priorizar, coordinar y mover recursos en un mismo compás.
A esa brújula súmale dos disciplinas. Claridad radical de resultados: define pocos OKR (objetivos y resultados clave) priorizados y complementa con KPI´s diarios/semanales. Metas visibles calman la ansiedad y enfocan la energía. Comunicación que da sentido: cada anuncio debe responder qué cambia, por qué, para quién y cómo sabremos que funciona. Si no mides, no aprendes. Si no explicas, no alineas.
- Cuidado con los atajos que hunden equipos:
Sobrerreacción y control excesivo. El micromanagement mata la iniciativa y crea dependencia. Confía en los OKR para priorizar y alinear resultados, y en los KPI´s para vigilar la salud operativa y anticipar desvíos.
Obsesión con cerrar brechas. Invertir solo en debilidades produce mediocridad. Sostén el rendimiento desde las fortalezas y complementa con alianzas.
Ambigüedad funcional. Roles difusos y prioridades cambiantes generan fricción. Haz comprensible las responsabilidades, ventanas de decisión y criterios de éxito.
Métricas de actividad en vez de resultados. Aplaudir horas y no el impacto premia lo irrelevante.
Ruido comunicacional. Mensajes tardíos o sin contexto alimentan los rumores. Anticipa, contextualiza y confirma acuerdos por escrito.
Liderar en tiempos de crisis es, en esencia, un acto de carácter. Elegir la actitud que cuida a las personas y protege el rumbo. Pregunta mejor, reconoce más, conecta con propósito, incluye voces y alinea la acción. Lo demás es proceso.
El liderazgo se prueba en la calidad del entorno que diseña: escucha curiosa para abrir opciones, reconocimiento que eleva la moral, sentido que orienta, diversidad con voz efectiva y coordinación que convierte intención en movimiento. Esto se aterriza en metas cortas, claras y medibles con revisiones frecuentes, y en mensajes que expliquen cambio, razones, destinatarios y evidencias de progreso.
Liderar es sostener el foco y cuidado a la vez. Aprender permanentemente, celebrar avances pequeños, corregir pronto y mantener vivo el entusiasmo con hechos. Así el talento florece aún con mareas agitadas.

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