"Urge es un nuevo libreto y una nueva sociabilidad". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"Urge es un nuevo libreto y una nueva sociabilidad". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Carmen McEvoy

Historiadora

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“De alguna manera hemos resistido y hemos sido testigos de una nación que no está rota, pero simplemente inacabada”es una de las frases de “The hill we climb”, el extraodinario poema de , quien se describió a sí misma como una “niña negra flaca descendiente de esclavos y criada por una madre soltera”. El poema de la joven californiana, educada en , es un canto al optimismo y la unidad que conmovió a millones de norteamericanos, entre ellos a mis dos nietas, que la aplaudían mientras escuchaban a una nativa de su condado, Orange County, hablando de temas que han leído y discutido con sus padres, ambos maestros de escuela pública.

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Gorman, que sigue la tradición de leyendas literarias como Robert Frost y Maya Angelou, parte de la premisa de la imperfección de la primera República de las Américas: “estamos lejos de ser pulidos, lejos de ser prístinos, pero eso no significa que no estemos esforzándonos por formar una unión perfecta”.

Para la joven de 22 años lo que realmente importa es “componer un país comprometido con todas las culturas, colores, personajes y condiciones del hombre”. Este acto de reconocimiento –tarea titánica en una República con un racismo institucionalizado– permitirá ver al otro como alguien merecedor de respeto. Porque para “poner” el “futuro primero” es preciso desterrar el “daño” y luchar por la “armonía”. Cabe recordar que, además del racismo y la discriminación, el hambre es otro de los grandes desafíos de la administración , quien ha ampliado la cobertura de los “food stamps” a treinta millones de norteamericanos, sin trabajo y sin un pan que llevarse a la boca.

“Mi esperanza es que mi poema represente un momento de unidad para nuestro país”, subraya Gorman, definiendo un nuevo capítulo y una nueva era para un Estados Unidos que está “magullado, pero íntegro, benevolente, pero audaz, feroz y libre”. “Porque siempre hay luz” y porque mientras uno llora, nos recuerda, es posible crecer. En ese sentido, la poeta galardonada no asume el papel de la víctima sino de una ciudadana que ve la crisis, ocasionada por una historia injusta y un virus que muta para seguir matando, como una oportunidad para construir República. “Dejemos que el globo, al menos, diga que incluso cuando estábamos cansados, lo intentamos y lo hicimos atados juntos, victoriosos”.

Siempre existirán los pesimistas e incluso los que, en medio de la mortandad planetaria, exhiben sin pudor su violenta denigración del prójimo. No está por demás recordar que el miedo y la frustración tienen muchas maneras de expresarse y, ante ello, solo queda ser compasivo. Porque junto a los maltratadores, alguna vez maltratados también, existen los valientes que le dan cara a la tragedia y ven en ella una posibilidad de colaboración transformadora. Es el caso del Foro Mujer, por ejemplo, convocado por la presidenta del Tribunal Constitucional de la mano con la directora de IPAE con la finalidad de discutir– en el año del bicentenario de la independencia y en vísperas de la fundación de la República (1822)– los cambios que demanda el Perú frente a una nueva era. No cabe la menor duda de que lo que urge es un nuevo libreto y una nueva sociabilidad en la cual la igualdad, la justicia, pero también el bien común y la vieja promesa de felicidad, se conviertan en objetivo y fuerza movilizadora.

Apuntando a metas similares volvimos a reunirnos los miembros del comité editorial del Proyecto Especial . Es cierto que lo hicimos en calidad de urgencia –en plena crisis constitucional– con el objeto de proteger nuestras colecciones de una posible amenaza reaccionaria. En esta última y feliz ocasión fue para programar la publicación de los dieciséis volúmenes de “Los Nudos de la República”. Un conjunto de ensayos que no se detienen en las trilladas discusiones de antaño, sino cuyo propósito es identificar y plantear soluciones para una serie de problemas –racismo, inequidad, centralismo, desprecio por la naturaleza y la ciencia, olvido de nuestras poblaciones originarias y sus saberes, entre otro– que nos agobian. Tal como lo propone Amanda Gorman es tiempo de construir, reparar y sanar para que no muera la República que hace 199 años fue fundada con ilusión en medio de la peste y la guerra.

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