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El poder y la ilusión, por Alfredo Torres

“La lógica del poder hace que caiga el presidente y continúe el Congreso, aunque la calle reclame ‘que se vayan todos’”.

Alfredo Torres Analista político

Giovanni Tazza

Hay quienes creen que la historia pudo haber sido diferente si el gobierno de Kuczynski hubiese pedido un voto de confianza cuando Fuerza Popular censuró a su ministro de Educación Jaime Saavedra (Ilustración: Giovanni Tazza)

“Salvo el poder todo es ilusión” decía Lenin, el líder comunista en la Rusia de 1917. Lamentablemente, la historia está plagada de crímenes cometidos a partir de esa idea. En las democracias, la lectura de ese precepto es distinta: sus líderes saben que es indispensable construir mayorías para ejercer el poder. Ángela Merkel, considerada la mujer más poderosa del mundo, es un ejemplo reciente. Luego de seis meses de arduas negociaciones logró conformar la semana pasada una alianza con dos partidos de derecha y uno de izquierda y ser reelegida primera ministra de Alemania con el respaldo del 53% de su Parlamento.

En el Perú, en cambio, tenemos una triste tradición de gobiernos débiles que no culminan su mandato. José Luis Bustamante y Rivero en 1948 y Fernando Belaunde en 1968 fueron derrocados por golpes de Estado. Alberto Fujimori en 1992 disolvió el Congreso mediante un autogolpe. Pedro Pablo Kuczynski renunció esta semana. Es verdad que hemos tenido otros gobiernos sin mayoría propia en el Congreso, pero lograron salir adelante debido a que el principal partido de oposición carecía igualmente de una mayoría absoluta, como la que alcanzó Fuerza Popular en el 2016.

Como se sabe, Kuczynski se vio obligado a renunciar al descubrirse las turbias negociaciones que venían librándose para salvarlo de un nuevo proceso de vacancia por incapacidad moral. La trama de actos de corrupción, graves conflictos de interés y donaciones subrepticias para campañas electorales comprenden a muchos líderes políticos, pero la lógica del poder hace que caiga el presidente y continúe el Congreso, aunque la calle reclame “que se vayan todos”.

Hay quienes creen que la historia pudo haber sido diferente si el gobierno de Kuczynski hubiese pedido un voto de confianza cuando Fuerza Popular censuró a su ministro de Educación Jaime Saavedra en diciembre del 2016. La hipótesis es que, con el sacrificio de su primer Gabinete, el Ejecutivo habría tenido mayor poder para enfrentar al Congreso posteriormente. Cuando meses después se repitió la historia y Fernando Zavala pidió el voto de confianza y tuvo que renunciar al no obtenerlo, algunos analistas sostuvieron que “el fujimorismo había quedado atrapado” porque ya no podría censurar a otro Gabinete. No contaban con que luego se forzaría una interpretación de la norma vía reglamento de manera que solo podía ocurrir una pérdida de confianza con la salida de todos los ministros.

Es muy probable que, luego de la censura de Zavala y ante la comprobada imposibilidad de entenderse con Fuerza Popular, Kuczynski haya llegado a la conclusión de que la única carta que le quedaba por jugar era indultar a Alberto Fujimori para que este, en gratitud, lo ayude a recuperar gobernabilidad. Todo indica que a principios de diciembre Fuerza Popular se habría enterado del inicio de los trámites para el indulto y decidió sabotearlo. Entonces, la presidenta de la Comisión Lava Jato habría apurado la denuncia contra PPK por haber recibido dinero de Odebrecht cuando era ministro, dando así paso al primer pedido de vacancia. PPK se salvó de la vacancia con los votos de Kenji y su grupo y procedió al indulto, con lo que logró su objetivo de debilitar a Fuerza Popular, aunque al costo de un mayor distanciamiento con el sector que se oponía al indulto.

Al salvarse PPK, Keiko perdió una batalla, pero no fue vencida. Pronto Fuerza Popular empezó a coordinar con la izquierda otro pedido de vacancia. Y previendo que Kenji intentaría persuadir a más congresistas mediante el indebido ofrecimiento de obras en sus regiones, le tendió una trampa y lo grabó. Al difundirse los videos, Keiko neutralizó a su hermano y rival –quien sería desaforado del Congreso– y logró la renuncia de Kuczynski.

Como PPK, Martín Vizcarra asume el poder en minoría. Dada su imagen de honestidad y su exitosa trayectoria como gobernador de Moquegua, cabría esperar que goce de una breve “luna de miel” con la ciudadanía y que Fuerza Popular le dé una tregua. Debe aprovechar al máximo estos meses para imponer su autoridad. Podría exigir, por ejemplo, la derogatoria de la prepotente norma sobre la cuestión de confianza. Esta derogatoria es indispensable para no ser avasallado por la oposición ya que la censura a dos gabinetes es la única vía constitucional para disolver el Congreso. Pasados estos primeros meses ya no podrá hacerlo, porque el único poder con que cuenta un gobierno en minoría es el apoyo popular y este se diluye pronto en nuestro pueblo.

Pero si la idea de que sin el poder todo es ilusión tiene sustento en política, también es cierto que la ilusión es fuente de poder. Y ese es quizá el desafío más grande que tiene el presidente Vizcarra: despertar una ilusión, una esperanza, en la ciudadanía. La idea de que, con el liderazgo adecuado y el apoyo de la opinión pública es posible sacar al Perú del pantano en el que se encuentra.

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