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Todos ganan, todos pierden, por Fernando Rospigliosi

"El presidente Vizcarra logró aumentar sustancialmente su popularidad, que era su objetivo prioritario, y probablemente lo volverá a hacer en diciembre con el referéndum".

Fernando Rospigliosi Analista político

Martín Vizcarra y Keiko Fujimori

"Vizcarra se ha dado por satisfecho, disipando los intensos rumores que circularon en los últimos días de que estaba decidido a cerrar el Congreso".(Foto: Presidencia/El Comercio).

Foto: Presidencia/El Comercio.

Como era previsible, el intimidado Congreso aprobó las cuatro reformas constitucionales en el plazo perentorio que le impuso el presidente Martín Vizcarra. No obstante, las modificó de manera importante, en algunos casos.

A pesar de ello, Vizcarra se ha dado por satisfecho, disipando los intensos rumores que circularon en los últimos días de que estaba decidido a cerrar el Congreso. En realidad, no había manera legal de que lo hiciera, luego de que se aprobó la cuestión de confianza. La única forma hubiera sido un golpe como el de Alberto Fujimori en abril de 1992, pero Vizcarra no tiene a su lado –que se sepa– un Vladimiro Montesinos que pueda manipular y corromper a las Fuerzas Armadas y controlar los medios de comunicación, condiciones indispensables para ese propósito.

Así las cosas, el presidente ha optado por el camino de la concordia y el apaciguamiento, decepcionando nuevamente a las barras bravas, que siguen demandando respuestas radicales para privar al keikismo del disminuido poder que aún conserva con su mayoría congresal que, para efectos prácticos, está sometida a los mandatos del gobierno y la opinión pública en muchas cuestiones.

Por ejemplo, en el caso del juez César Hinostroza, el keikismo cometió el absurdo error de oponerse en comisiones a acusarlo como cabecilla de una banda criminal, oponiendo argumentos jurídicos al desmañado informe de Oracio Pacori. Hinostroza ya ha sido juzgado y sentenciado por la opinión pública, y los enemigos del keikismo han insistido –con bastante éxito si observamos las encuestas– que el fujimorismo mismo es parte de la organización delictiva que presuntamente capitanea Hinostroza. No había forma de que pudieran evitar incluir ese punto en la acusación, so riesgo de terminar de sellar su tumba política.

El presidente del Congreso, Daniel Salaverry, al que su formación aprista parece haberle proporcionado más sagacidad que sus conmilitones, parece que jugó un papel importante en el prácticamente inevitable viraje que concluyó lapidando al impresentable Hinostroza.

En estos casos todos han ganado y perdido algo. El presidente Vizcarra logró aumentar sustancialmente su popularidad, que era su objetivo prioritario, y probablemente lo volverá a hacer en diciembre con el referéndum. Pero no ha podido hacer que sus propuestas se aprueben como quería, aunque esto en realidad no le preocupa, lo que le interesa es presentarse como ganador.

El keikismo tuvo que someterse y aguantar casi sin chistar la paliza que le propinó el gobierno, pero al final introdujo cambios de alguna relevancia, como aumentar a 180 el número de parlamentarios, hacer confusa y discutible la no reelección de congresistas, suprimir la publicidad privada en radio y TV en las campañas electorales para seguir perjudicando a los medios de comunicación y prácticamente liquidar la potestad del gobierno para disolver el Congreso (la Cámara de Diputados en el nuevo ordenamiento).

Este último punto es perjudicial para el equilibrio de poderes, pues priva al gobierno de un instrumento de contrapeso en caso de encontrarse con una mayoría congresal obstruccionista y agresiva, como bien ha anotado Jaime de Althaus. (El Comercio, 5/10/18).
La sorpresiva anulación del indulto a Alberto Fujimori contribuyó a enturbiar aún más la enredada situación política. Además del ex presidente, el keikismo es el más perjudicado porque sus antagonistas se han encargado de recordar cómo ellos cuestionaron la forma del indulto –que es parte del argumento del juez que lo abrogó–, y derribaron al presidente que lo concedió que, de seguir en funciones, lo hubiera defendido.

Al gobierno de Vizcarra que, como era de esperarse, se ha lavado las manos, tampoco le conviene, como señala Mirko Lauer. (La República, 5/10/18). Ya empiezan a formularse teorías conspirativas que le atribuyen influencia en la decisión del juez. El hecho de que el que designó a ese magistrado provisional sea el actual presidente del Poder Judicial, Víctor Prado Saldarriaga, un aliado del gobierno, contribuye a alimentar las paranoias. Prado integró el tribunal que condenó a Fujimori y él ha revelado que fue el redactor de la sentencia.

El que ha ganado políticamente es Kenji Fujimori, que vuelve al primer plano como un leal y esforzado defensor de su padre, y autor –por intermedio de sus seguidores– de un proyecto con nombre propio que podría librarlo de volver a la Diroes.

En síntesis, todos han ganado y perdido algo en las últimas escaramuzas políticas. En verdad, es lo normal en una democracia, aunque en el último tiempo muchos parecían empeñados en un juego destructivo destinado a aniquilar al que debe ser un adversario, no un enemigo.

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