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“Me sonrojaría si pudiera”, por Daniela Meneses

“La evidencia parece indicar que la igualdad de género en general no necesariamente trae de la mano la igualdad de género digital”.

Daniela Meneses Periodista y abogada

Digital

“La brecha digital va mucho más allá del campo laboral o de las abismales diferencias en los puestos de liderazgo”.

Esa es la respuesta que daba la asistenta de voz de Apple al comentario “Siri, eres una p****”. Es también el título de un reciente reporte de la Unesco, que explora el tema de las asistentas virtuales y la brecha digital de género.

Hace varios años se vienen discutiendo las consecuencias de que asistentas como Siri, Alexa (Amazon), Cortana (Microsoft) o Google Assistant tengan una voz exclusiva o generalmente femenina. Y de que, a veces, sus respuestas sean sugerentes o en doble sentido, como la frase con la que comienza esta columna. O como la respuesta que daba Siri a la pregunta, de evidente contenido sexual, “Who’s your daddy?” (¿Quién es tu papi?): “Tú lo eres”.

En un artículo publicado el año pasado por “New York Magazine”, Safiya U. Noble, profesora de sociología de UCLA, aseguró que las asistentes virtuales han producido un “aumento en el lenguaje basado en comandos dirigido a las mujeres. ‘Siri, encuentra [llena el espacio]’ es algo que los niños, por ejemplo, pueden aprender a hacer mientras juegan con sus aparatos inteligentes. Es una herramienta poderosa de socialización que nos enseña el rol de […] las personas de género femenino de responder a pedido”. En el reporte se menciona también el trabajo de Calvin Lai, experto en sesgos inconscientes, para quien “las asociaciones de género adoptadas por las personas son contingentes al número de veces que una persona está expuesta a ellas”.

Si esta equiparación entre una máquina y una persona de carne y hueso puede parecer extraña, siempre se puede hacer la prueba. Yo también le pregunté a Siri quién era su papi. Me contestó “Todo el mundo me pregunta eso… será por algo” (cuando le pregunté quién era su mami, me contestó que lo había olvidado). Hay algo muy desagradable en tener una conversación de doble sentido con una voz mecánica femenina. Y si esto es así ahora, solo queda imaginarnos cuál será la sensación y el impacto conforme el habla de estas asistentes se vuelva más ‘humana’.

La discusión es más larga y compleja de lo que puede entrar en estas páginas, pero quizás una de las claves del reporte está en alertarnos de que, dado que todavía nos encontramos en la infancia de los asistentes digitales, estamos a tiempo de tener estas conversaciones y cambiar el patrón.

¿Pero tenemos las condiciones adecuadas para negociar y sentar los parámetros de las interacciones humano-computadora? No parece ser el caso. Según la Unesco, para que existan las bases que permitan crear productos que reflejen mejor la diversidad de la sociedad es importante “establecer el balance entre hombres y mujeres en el sector de tecnología”. Y ahí entra la parte neurálgica del informe: nos hace pensar más allá del caso concreto. El caso mediático (que seguramente los trajo a ustedes hasta aquí) sirve para poner la lupa en las brechas digitales de género. Un tema del que se conoce algo en el Perú, especialmente en el contexto del papel de Mariana Costa y Laboratoria, la iniciativa social que busca impulsar la participación de mujeres en la industria tecnológica.

La brecha digital va mucho más allá del campo laboral o de las abismales diferencias en los puestos de liderazgo. Implica aspectos que podrían parecer tan básicos como el uso de las apps de los celulares u hojas de trabajo de Excel. Esta se ve desde el colegio, y se va ampliando conforme aumenta el grado educativo. Está, además, muy relacionada con los estereotipos que asocian este sector con los hombres.

Hablando precisamente sobre la brecha de género digital, Cristina Pombo, asesora del gerente del Sector Social del BID en Estrategia de la Economía Digital, se refirió a un estudio en áreas pobres de 10 ciudades del mundo que concluyó que las “mujeres tienen 50% menos de probabilidad que los hombres de estar conectadas y 30%-50% menos probabilidad que las mujeres de las mismas comunidades utilicen Internet para su empoderamiento político y económico. Las causas fundamentales de esta diferencia son los altos costos, la falta de conocimientos digitales, la escasez de contenidos pertinentes y las barreras que impiden que las mujeres tengan libertad y privacidad para hablar en línea”. Y si queremos pensar en el Perú, de acuerdo con cifras del INEI del año pasado, solo en términos de acceso a Internet hay aquí ya una brecha de siete puntos porcentuales (54% vs. 47%).

La mala noticia: la evidencia parece indicar que la igualdad de género en general no necesariamente trae de la mano la igualdad de género digital. La buena: existen caminos para ir alcanzando esta última. Caminos que pueden empezar incluso en casa y en los colegios, y que parten de entender que la educación digital es clave. Para todos.

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