"Ni rosquitas, ni manjar blanco. ¿Quién diría que el potaje favorito del presidente cajamarquino sería finalmente la mermelada?" (Foto: Mario Zapata Nieto / @photo.gec).
"Ni rosquitas, ni manjar blanco. ¿Quién diría que el potaje favorito del presidente cajamarquino sería finalmente la mermelada?" (Foto: Mario Zapata Nieto / @photo.gec).
Andrés Calderón

Profesor universitario. Analista político

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“El socialismo no aboga por la libertad de prensa, sino por la prensa comprometida con la educación y la cohesión de su pueblo”. “Bajo el vestido de publicidad lo que realmente se paga es un soborno encubierto para mantener el sistema sobre el cual se asienta el gobierno”.

Las citas que abren esta columna corresponden al plan de gobierno de Perú Libre. El partido del lápiz plantea una perspectiva pusilánime, mercantilista y hasta corrupta: una prensa debe ser servicial al mentado “gobierno del pueblo”, y la publicidad estatal sería una coima para los medios de comunicación, con disfraz contractual.

Pues bien, aunque mucho se intentó atribuir tales proclamas únicamente a las añoranzas trasnochadas de Vladimir Cerrón, las últimas revelaciones periodísticas mostrarían a un Pedro Castillo muy cómodo con aquellas consignas.

Pese a que ya era muy notorio el encono del mandatario hacia la prensa, un reciente reportaje de “Cuarto poder” lo reconfirma en la voz de Alejandro Sánchez, huésped de las escapadas nocturnas presidenciales en Breña. “[El presidente] ha sentido que la prensa le ha hecho mucho daño, se ha vuelto un poco rebelde y no quiere dar declaraciones”. Pero tal parece que el rencor y la obstinación son “negociables”. “Vamos a darle los titulares a ustedes”, “por esta vez apóyenos, no saquen eso y las primicias se las vamos a dar a ustedes”, se le escucha ofrecer al primer amigo de la Nación, traficando favores a cambio de una cobertura periodística amable.

Si este tipo de promesas califican como delictivas es algo de lo que seguramente se ocuparán las autoridades judiciales. Pero, a estas alturas, ya está fuera de discusión la percepción del entorno presidencial sobre el significado que tiene la libertad de prensa: ninguno. Para ellos, la prensa no es libre, y tampoco es gratis. A los medios amistosos se les puede comprar con primicias, titulares y entrevistas. A los medios independientes o “que hacen problemas” (para recordar las palabras del ministro de Energía y Minas) se les castiga con el silencio y el ostracismo.

Igual de grave fue el reportaje de “Sudaca” en el que se daba cuenta de las tratativas directas entre el jefe del Estado y un grupo de comunicadores huanuqueños. Según las declaraciones de estos últimos, el Gobierno estaba dispuesto a darles contratos para la difusión de publicidad estatal, por el mero hecho de no pertenecer a los despreciados medios limeños, a quienes “no soltará ni un centavo”. La diferenciación gubernamental entre medios de comunicación, sin embargo, no parece depender simplemente del origen de las empresas periodísticas, sino, más bien, del contenido de la línea editorial. Ello por cuanto los comunicadores que se reunieron con Castillo –interesados en una tajada de la torta publicitaria– le ofrecieron “brindarle soporte a la democracia”. Castillo les devolvería la cortesía con un par de abogados para garantizar el ropaje de legalidad a ese trueque.

“El presidente de la República ha sido enfático al decirnos: ‘Sí, le vamos a dar la publicidad. Organícense, muchachos, a nivel nacional’ […]. Quedamos con el presidente de la República que nos iba a poner dos asesores para mejorar el tema legal”, declaró públicamente Eustaquio Robles, integrante de la llamada Agencia de Publicidad de Huánuco.

Ni rosquitas, ni manjar blanco. ¿Quién diría que el potaje favorito del presidente cajamarquino sería finalmente la mermelada?