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Destrabar, destrabar, destrabar, por Federico Salazar

"En el Ministerio de Economía y Finanzas negaron que existiera una persona asignada a congresistas. No debemos perder la esperanza, sin embargo. Un personaje así debe ser buscado con carácter de urgencia".

Federico Salazar Periodista

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“Mira, a nosotros… –dice Ramírez– nos han puesto una persona exclusiva del MEF para que maneje nuestras obras…”. (foto: captura de video)

Congreso de la República

La reactivación económica es una pieza crítica de la nueva gestión presidencial. Si el nuevo gobierno quiere tener éxito, tendrá que llamar a Bienvenido Ramírez.

Para el aún congresista Ramírez, la política es un cambalache de favores, una forma solemne de robar dinero público. Las investigaciones tendrán que determinar cuánto de lo que dijo es verdad y cuánto, fanfarronería.

Ramírez, por lo pronto, ve la política como un chapoteo en el albañal. En medio de su hedionda fantasía, sin embargo, hay algo que rescatar.

Este congresista ilustró a su colega Moisés Mamani sobre los beneficios que supuestamente obtendría, de votar en contra de una segunda vacancia de Pedro Pablo Kuczynski. Entre estos, mencionó uno, que puede ser la clave de la reactivación.

“Mira, a nosotros… –dice Ramírez– nos han puesto una persona exclusiva del MEF para que maneje nuestras obras…”. Y le comenta a Mamani: “…y él te dice ‘acá están tus proyectos viables’. Listo, entran ahora”.

En el Ministerio de Economía y Finanzas negaron que existiera una persona asignada a congresistas. No debemos perder la esperanza, sin embargo. Un personaje así debe ser buscado con carácter de urgencia.

Sería una salvación para el país contar con tal funcionario. Falta hacer, por supuesto, seguimiento a los proyectos de inversión.

Falta alguien que detecte los errores formales de buenos proyectos. Alguien, también, que descarte los proyectos que no tienen error formal pero que en el fondo no son de prioridad.

Y no solo se trata de los proyectos de inversión pública. La inversión privada sufre de lo mismo.

Hace falta alguien que rescate todos los proyectos del alambique de la burocracia. Y hay tantos proyectos, que en realidad no deberíamos hablar de una persona, sino de un equipo completo.

¿No es eso más burocracia? ¿No se presta eso a abrir las puertas a los Bienvenidos Ramírez con que ciertos partidos minaron y contaminaron la política peruana?

La primera tarea para destrabar es, por eso, desregular. Se requiere acometer una profunda reforma desregulatoria. Hay que estudiar la intrincada tubería y desenredarla.

Mientras tanto, se debe acelerar la ejecución de los proyectos paralizados.

Cada vez que hay un caso de corrupción se hace más lenta la inversión. Nadie quiere ser confundido con los Bienvenidos Ramírez. Nadie quiere firmar adendas, autorizar pagos o contratar concesiones.

Es un problema político. Este gobierno tendrá que batirse, por eso, entre la parálisis y el abismo de la corrupción.

Una oficina burocrática para destrabar lo que trabó la burocratización no es buena idea. Entonces, ¿quién tendría que encargarse de la tarea?

No queda otra forma que hacer un trato abierto.

El Estado debe evaluar lo que perdería de no concretarse los proyectos. Hecha la evaluación, debe poder contratar a quien quiera destrabar a cambio de un porcentaje marginal de lo que deja de ganar el Estado por la traba.

Imaginemos un proyecto que hará ganar al Estado 100 millones de soles. No se hace, sin embargo, por trabas burocráticas. ¿No se podría ofrecer, para seguir en el ejemplo, un 1% a quien logre destrabar?

¿No se presta eso a la corrupción? No, si los términos se publican con anticipación y el proceso se sigue de cerca por la contraloría o la Superintendencia de Banca y Seguros.

Puede haber muchas ideas. Es importante empezar a discutir un mecanismo institucional para destrabar las inversiones.

El gobierno debe hacer un planteamiento. Tiene que ubicar a “la persona exclusiva del MEF” de Bienvenido Ramírez. O, si no existe, debe crearla.

La tarea no es fácil. Hay que atacar la corrupción y, a la vez, avanzar en la inversión.

La inversión hace el progreso de la gente y crea un futuro para todos. La corrupción retrasa el progreso de la gente y le roba su futuro.

Los corruptos, públicos y privados, se aprovechan de los meandros de la gestión política. Hay que desanudar esos pasajes oscuros donde prosperan los parásitos.

Hay que separar la inversión de la corrupción. Hay que hacerlo con el mismo sable con que hay que separar la economía de la política.

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