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El ser nación, por Enrique Bernales

“Que el mensaje de esos miles de peruanos que sintieron que por fin había algo que los inflamaba de amor sea el inicio de un camino por donde siempre podamos discurrir”.

Enrique Bernales Constitucionalista

Perú en el Mundial

“Es la primera vez en la historia reciente que un sentimiento colectivo de identidad, de amor a la camiseta, de abrazos y cantos hace que las diferencias se olviden y todos griten juntos 'Contigo Perú'”. (Ilustración: Giovanni Tazza).

Ilustración: Giovanni Tazza.

Propongo analizar el fenómeno de masas envueltas en una emoción patriótica por la participación del Perú en el Mundial de Fútbol. Formulo como hipótesis una especie de gran salto cualitativo en el proceso peruano de formación de la identidad nacional. Si esto es así, se trata de una de esas oportunidades que no podemos volver a perder.

Pocas veces nos ilustra la memoria histórica peruana de un acontecimiento de movilización masiva en el que haya una incontenible emoción que se identifique con los símbolos patrios y con canciones que exalten las virtudes del ser peruano. Un evento en el que la comunión de sentimientos brota espontáneamente como si se tratara de viejos lazos familiares o de amistades inquebrantables.

Es cierto que manifestaciones de este tipo o parecidas han existido antes, pero sucedían en ámbitos individuales, familiares, en fiestas provincianas y en lo que podríamos llamar “patrias chicas”. Es la primera vez en la historia reciente que un sentimiento colectivo de identidad, de amor a la camiseta, de abrazos y cantos hace que las diferencias se olviden y todos griten juntos “Contigo Perú”.

Ha aparecido una nueva autoestima. Los miles de peruanos que viajaron a Moscú, Saransk, Ekaterimburgo y Sochi no solo lo hicieron para alentar a nuestro equipo de fútbol, sino también para hacer sentir al mundo la presencia del Perú y de los peruanos al pasear por calles, plazas y estadios entonando las canciones y gritando a todo pulmón: ¡Aquí está el Perú… aquí estamos los peruanos!

Todas estas manifestaciones tienen mucho que ver con eso que llamamos “identidad nacional”, un sentimiento que en el Perú no siempre ha sido fuerte por distintos factores que, en lugar de unir, separaron. En este país se extrañó fundamentalmente ser todos juntos una comunidad nacional inclusiva, acogiéndonos y atendiéndonos en nuestras querencias y necesidades.

En lugar de ello, sufrimos problemas de racismo, de elitización de unos sectores sociales que preferían vivir a espaldas de otros. Y todo esto en un Estado débil, ajeno a la problemática social, indiferente a la pobreza e incapaz de poner en valor las ingentes riquezas naturales del país.

El reclamo de hombres ilustres para hacer del Perú una nación fuerte y poderosa viene de mucho tiempo atrás. El Inca Garcilaso de la Vega acuñó la palabra ‘mestizo’ para definir el fenómeno de inserción cultural que hacía del Perú no un territorio conquistado y dominado, sino un encuentro de pueblos diversos, reconociéndose en una unidad plural: la del mestizaje.

Más tarde, y a lo largo de los tiempos, se desarrollaron propuestas como el levantamiento de Túpac Amaru, la carta de Vizcardo y Guzmán a los españoles americanos o la insurrección de Pumacahua, en las que subyace el reclamo de hacer del Perú una nación.

Pero lo que no se logró bajo la Colonia, tampoco fue posible bajo la República, donde las confrontaciones pudieron más que la política educativa de Pardo, el ejemplo señero de Grau, el amor a la patria de Bolognesi en Arica o el esfuerzo notable de la reconstrucción luego de la guerra de 1879. Por esta indiferencia, el sentimiento de la identidad nacional ha demorado tanto en consolidarse.

No obstante, el mensaje ha estado siempre allí convocándonos a la acción. Historiadores como Jorge Basadre, Pablo Macera y antes Manuel González Prada, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Víctor Andrés Belaunde y José de la Riva Agüero no han cesado de reclamar hacer del Perú un país realizado en un profundo compromiso de amor por la patria. También poner en valor sus ingentes riquezas, respetando los elementos pluriétnicos y culturales que hacen del Perú una nación. Creo en el mensaje de los grandes pensadores, estadistas y héroes.

Depende de nosotros que Machu Picchu no nos sea grande y ajeno a la vez; que la gastronomía no sea una moda pasajera; que en el hogar, las escuelas, las universidades, los centros de trabajo y en la política aprendamos a respetarnos. Que el mensaje de esos miles de peruanos que sintieron que por fin había algo que los inflamaba de amor sea el inicio de un camino por donde siempre podamos discurrir celebrando el orgullo de ser peruanos.

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