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Venezuela: una compleja transición
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Venezuela: una compleja transición

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En Venezuela, Nicolás Maduro comandaba una dictadura. Esto es tan cierto como ilegal es la intervención militar del Gobierno Estadounidense, que representa una violación de la soberanía venezolana, al mismo tiempo que un peligro para América Latina y la paz global.

El problema ahora es cómo se hace viable una transición medianamente ordenada. Si el poder se fractura –incluido el poder militar chavista– y se constituyen varios núcleos que se disputan el poder central, no solo no habrá una transición democrática, sino que la situación podría derivar en caos y anarquía.

Que Donald Trump aceptara la designación de Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, como primera mandataria implica un reconocimiento de que su gobierno, solo, no puede conducir la transición. Su afirmación inicial –Estados Unidos “administrará Venezuela hasta lograr una transición segura”– parece haber sido un exceso. Según todo lo indica, ha tenido que negociar con un sector del chavismo para garantizar un interlocutor medianamente consistente. Dejó de lado a María Corina Machado y a Edmundo González Urrutia, quienes pueden tener apoyo de sectores ciudadanos, pero no controlan territorios ni sectores de las Fuerzas Armadas.

Y es que, como se lee en una nota editorial de “The New York Times” a propósito del impacto de las intervenciones militares estadounidenses, “(…) intentar derrocar incluso al régimen más deplorable puede empeorar las cosas. Estados Unidos pasó 20 años sin conseguir crear un gobierno estable en Afganistán y sustituyó una dictadura en Libia por un Estado fracturado. Las consecuencias trágicas de la guerra del 2003 en Iraq siguen persiguiendo a Estados Unidos y al Medio Oriente” (3/1/25). La misma China, con intereses contrapuestos a los estadounidenses en la región, difícilmente esté interesada en que el caos se instale en Venezuela. Es muy probable, más bien, que entre sus intereses esté el logro de una salida ordenada.

Las negociaciones de Trump no obvian que la intervención militar del Gobierno Estadounidense sea un peligroso factor de inestabilidad y de crisis en toda la región. La eventual transición venezolana dependerá principalmente de los propios venezolanos, pero inevitablemente también de sus vecinos regionales –Brasil ha rechazado la intervención estadounidense, pero se maneja con prudencia–, y del papel de organismos multilaterales como Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad, a pesar de su conocido debilitamiento. La cancillería peruana haría bien en evitar un alineamiento ideológico. Contribuir con una transición que evite más inestabilidad en Venezuela está en el interés de la región y del Perú.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Santiago Pedraglio es Sociólogo

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