"Los rumores señalan que el presidente Pedro Castillo, a su regreso de la ONU, hará cambios importantes en el Gabinete que lo posicionarán dentro de su propio gobierno. No necesita nada para hacerlo, más que voluntad". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"Los rumores señalan que el presidente Pedro Castillo, a su regreso de la ONU, hará cambios importantes en el Gabinete que lo posicionarán dentro de su propio gobierno. No necesita nada para hacerlo, más que voluntad". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Patricia del Río

Periodista

Solemos asumir que todos los hombres y mujeres aspiran a tener poder. Que viven soñando con dominar la vida de otros, ser influyentes, ser protagonistas con nombre propio de la historia. Sin embargo, la biografía del ser humano en el planeta está llena de ejemplos que contradicen esta premisa: J. D. Sallinger, el autor de la magnífica obra “El guardián entre el centeno” detestaba la exposición pública. Fue capaz de renunciar a la escritura, con tal de no enfrentar el mundo: “Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Esta publicación es una invasión horrible de mi privacidad”, declaró en una de sus pocas entrevistas.

Greta Garbo no asistía a galas, no desfilaba por alfombras rojas, jamás atendía a los periodistas y nunca estuvo en las ceremonias del Óscar cuando fue nominada, y así como ellos hay miles de científicos, arquitectos, ingenieros, abogados que contribuyen a la sociedad con sus grandes aportes sin dar la cara, sin reclamar derechos de autor, sin ningún interés de salir en la portada de nada.

¿Es el poder siempre seductor? ¿Es la exposición pública siempre tolerable? La pregunta viene a cuenta cuando resulta que tenemos un presidente que pareciera estar poseído por el terror a la responsabilidad, a la toma de decisiones. Que sigue huyendo de los reporteros, como si el micro que empuñan fuera una daga con la que le van a atravesar la garganta. El presidente no da entrevistas, no da conferencias de prensa, no se deja interpelar por nadie. Solo da mensajes a la nación o discursos en distintas localidades que tienen siempre las mismas características: el monólogo en solitario, o frente a una barra de entusiastas que lo aplauden.

Ha sido incapaz, incluso, de pronunciarse de manera coherente y empática con las víctimas de Sendero Luminoso frente a la muerte del genocida Abimael Guzmán. Un tuit de 240 caracteres fue todo lo que los peruanos obtuvieron de quien tiene en sus manos los destinos del país. El gobernante del pueblo eligió el medio más sofisticado para dar un escueto mensaje sobre el hombre que más daño les hizo a los más pobres. Escogió el medio al que no se puede acceder en Lucanamarca o en Soras.

Pero una de las inacciones más evidentes es su incapacidad para deshacerse de quienes no le suman nada y que lo tratan como si fuera un peoncito al que usan para sus fines revolucionarios trasnochados. A , que estaría dispuesto a todo por una cuota de poder, y a su sucursal en la PCM, Guido Bellido, les encanta la bravuconada, la matonería y no pierden oportunidad para exhibir la peor parte del poder que ostentan. Mientras Bellido le manda cartas amenazantes a la congresista Chirinos y Cerrón busca amedrentar al ministro Aníbal Torres, al presidente Castillo pareciera que el sombrero se le va bajando cada vez más y que está a punto de descabezarlo para siempre.

Los rumores señalan que el presidente Pedro Castillo, a su regreso de la ONU, hará cambios importantes en el Gabinete que lo posicionarán dentro de su propio gobierno. No necesita nada para hacerlo, más que voluntad. Si sigue en esta medianía no será porque no quiere sino porque no puede. Y quién sabe si termine emulando a aquel maravilloso personaje de la película “Habemus Papam” del italiano Nanni Moretti, en la que un cardenal es elegido Sumo Pontífice y en lugar de abrazar su liderazgo espiritual con entusiasmo termina preso de un ataque de pánico que lo hace huir de sus responsabilidades. La película se estrenó en el 2011 y dos años después, ante la mirada atónita del mundo entero, renunciaba a ser cabeza de la Iglesia Católica, Benedicto XVI. Cosas que pasan.