El presidente de Colombia acusó al Perú de haber copado territorio colombiano. Según Petro, “el Gobierno del Perú ha copado un territorio que es de Colombia y ha violado el Protocolo de Río de Janeiro”. Lo dijo en su cuenta social X.
Después, el mandatario colombiano cambió de posición. Dijo que la “isla” Santa Rosa no había sido asignada a nadie y que, por tanto, el Perú incumplía el tratado.
En la versión de Gustavo Petro, la supuesta isla Santa Rosa es diferente a la isla Chinería, porque, según él, están separadas.
Ahí, dijo Petro en una entrevista, “empezó a aparecer la isla Santa Rosa y, paulatinamente, como eso se está secando, el río va bajando su nivel y empieza a aparecer una especie de puente por poco tiempo, de baja profundidad, que pega esa isla con Chinería” (“El Espectador”, 8/8/2025).
Petro dice que, en el 2017, la isla Santa Rosa “nació”; “eso que dicen de que siempre fue peruana, eso no es cierto”; “nadie vivía ahí, no existía”.
La separación (temporal) de una parte de la isla Chinería no equivale al “nacimiento” de una nueva isla. Actualmente, los niveles del río Amazonas han reintegrado lo que siempre ha sido una unidad territorial.
Para Gustavo Petro, la ley que creó el distrito de Santa Rosa de Loreto, del 3 de julio pasado, es lo que rompe el tratado de Río de Janeiro. Se equivoca claramente. El distrito de Santa Rosa no es aquello que él llama “isla” Santa Rosa.
El distrito tiene una extensión de 27.287 kilómetros cuadrados. La isla Chinería está dentro de este territorio, y Santa Rosa, a su vez, dentro de Chinería.
En 1970, el río creció y creó un canal que separó una porción de tierra, a la que llamaron “isla” Santa Rosa. Actualmente ya no hay esa separación. Ya no hay “isla”.
La ley que crea el distrito de Santa Rosa de Loreto fija sus límites “según los tratados vigentes” (Ley 32043, art. 3.b).
La razón, el derecho, la historia, la geografía están del lado peruano. Los canales diplomáticos bastarán para aclarar todos los equívocos de Gustavo Petro.
Lo último que debe hacer quien tiene la razón es amenazar, encender la mecha y soliviantar los ánimos.
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