"Considerando que Moody’s ya nos había recortado la calificación en setiembre, podemos decir que las tres principales calificadoras de riesgo del mundo perciben al Perú como un destino más riesgoso para los capitales, principalmente debido a la incertidumbre política".
"Considerando que Moody’s ya nos había recortado la calificación en setiembre, podemos decir que las tres principales calificadoras de riesgo del mundo perciben al Perú como un destino más riesgoso para los capitales, principalmente debido a la incertidumbre política".
Alejandra Costa

Periodista económica

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Debe haber sido muy frustrante para Vladimir Cerrón y Guido Bellido comprobar esta semana que ya no bastaba un tuit suyo para que el dólar se dispare. Para sorpresa de algunos, la racha de fortalecimiento del sol peruano que se inició con la salida de Bellido del Ejecutivo no se detuvo ni siquiera este jueves, cuando Cerrón anunció que los congresistas de Perú Libre le negarían el voto de confianza al Gabinete liderado por Mirtha Vásquez.

Por el contrario, la noticia del ‘divorcio’ entre Perú Libre y el presidente Pedro Castillo llevó al dólar a cerrar ese día por debajo del nivel que alcanzó el 27 de julio, antes de que el tipo de cambio subiera por encima de los S/4 por dólar por primera vez en la historia tras el cambio de mando.

Además del cambio de Gabinete, la ratificación de Julio Velarde en el Banco Central de Reserva (BCR) y las declaraciones de Mirtha Vásquez descartando que la asamblea constituyente sea una prioridad del Gobierno ayudaron a calmar el pánico en el mercado cambiario y a fortalecer las expectativas sobre la futura fortaleza del sol frente al dólar.

La caída continua se dio, además, mientras el dólar ganaba valor frente a la mayoría de monedas del mundo, dejando poco espacio para aquellos que aún tenían dudas sobre el origen local del alza del tipo de cambio.

Sin embargo, que hayan bastado cinco días para borrar hasta nuevo aviso los efectos en el precio del dólar del pésimo desempeño de Bellido, no significa que se hayan esfumado los efectos para la economía peruana de los primeros días de gobierno –o desgobierno, más bien– de Pedro Castillo. Las decisiones de inversión privada postergadas y el consecuente débil crecimiento del empleo, el efecto del tipo de cambio sobre el precio de los productos de la canasta básica, las peores perspectivas de crecimiento económico para el 2022 y, en general, el clima de incertidumbre política y económica no se van a revertir mágicamente.

Un recordatorio de esto fue la decisión de Fitch Ratings de rebajar la calificación crediticia de la deuda peruana en dólares de BBB+ a BBB y la advertencia de Standard & Poor’s (S&P) de que también podría recortar la calificación crediticia peruana, anuncios que sí lograron cambiar la tendencia del tipo cambio y hacer que subiera ayer a S/3,932 por dólar.

Considerando que Moody’s ya nos había recortado la calificación en setiembre, podemos decir que las tres principales calificadoras de riesgo del mundo perciben al Perú como un destino más riesgoso para los capitales, principalmente debido a la incertidumbre política. Este consenso nos debería preocupar, porque refleja la imagen que se tiene del país en el exterior y, por lo tanto, afecta directamente nuestra capacidad para atraer inversiones y endeudarnos a bajo costo.

No hay espacio, entonces, para el alivio ni la contemplación. Sin un primer ministro que lo contradiga constantemente, la responsabilidad de cambiar las expectativas en el sector privado para promover la inversión y la creación de empleo están, más que nunca, en manos del presidente Castillo. Solo nos queda esperar que haya aprendido de los errores de sus primeros días en el gobierno.