¿Una nueva oportunidad para el gobierno?, por F. Rospigliosi
¿Una nueva oportunidad para el gobierno?, por F. Rospigliosi
Fernando Rospigliosi

Analista político

En las últimas semanas casi todos los analistas han coincidido en que los constituyen una magnífica oportunidad para que el gobierno demuestre su valía, remonte el descenso de su aprobación y supere la fragilidad que lo caracteriza. En verdad, casi todos los que opinan en ese sentido creen que eso ocurrirá y que el gobierno tendrá un auspicioso segundo debut porque –dicen– está realizando un magnífico trabajo.

Discrepo de esas opiniones que, a mi parecer, son más bien expresiones de buenos deseos. Por supuesto, yo también esperaría que eso ocurriera y que, como resultado, tuviéramos un gobierno fortalecido y más estable. Eso sería beneficioso para el Perú. Pero una cosa son los deseos y otras las realidades.

Para empezar, dejo en claro que no discuto la versión, que muchos sostienen, sobre el presunto estupendo desempeño del gobierno. No tengo suficientes elementos en este momento para valorar su manejo de la crisis, es decir, si están utilizando eficientemente los recursos del Estado a su disposición para ayudar a los damnificados y resolver los problemas derivados de los huaicos y desbordes.

No puedo juzgar, por ejemplo, si la ministra de Educación, Marilú Martens, está organizando y liderando adecuadamente las labores en Piura. O si el ministro de Energía y Minas, Gonzalo Tamayo, está haciendo lo propio en Chosica y Santa Eulalia.
Lo que sí está haciendo correctamente el gobierno es aparecer en todos los lugares de desastres para llevar ayuda y una voz de aliento a los afectados. Eso es importante y a la vez una necesidad política. Si el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) y los ministros no estuvieran con las botas puestas recorriendo el país y embarrándose en el lodo, serían fácil blanco de sus adversarios que los acusarían de “no ensuciarse los zapatos”.

Pero son dos cosas distintas: la respuesta promocional para demostrar que hay un gobierno preocupado y que trabaja, y la real eficacia de esa labor. 

Mi punto es que el gobierno va a salir más débil y frágil de esta circunstancia. Que no tiene la posibilidad de solucionar adecuadamente las urgencias del momento, ni de realizar una reconstrucción rápida y efectiva.

Primero, porque el Perú no es un país rico con grandes recursos disponibles. Y lo poco que tiene lo derrocha y desperdicia con inversiones como la refinería de Talara (ver los varios artículos de Ricardo Lago y Juan Mendoza en “Perú21”) o los Juegos Panamericanos ( y The Economist en “Gestión” 23/3/17). 

Segundo, porque el Estado Peruano es ineficiente y corrupto. PPK lo acaba de reconocer cuando declaró que la razón por la que no declara en emergencia todo el país es la corrupción a nivel local. En verdad, lo es a todo nivel, gobierno central, regional y municipal.

La capacidad de gestión del Estado deja mucho que desear también, como lo demuestra la falta de obras de prevención, el escaso porcentaje del gasto de las partidas asignadas para ese efecto, los puentes mal construidos que se derrumban, etc. 

Un ejemplo es lo ocurrido con la reconstrucción de Pisco durante el gobierno de Alan García. Al frente se puso a un exitoso y enérgico empresario, Julio Favre, que a pesar de sus esfuerzos no pudo lidiar con la engorrosa maquinaria estatal.

Todo indica que ahora se pondrá a un ministro o funcionario del actual gobierno al frente de la reconstrucción. Es dudoso que el resultado sea muy distinto. Es el mismo Estado, solo que un tanto más pobre que el de hace diez años, cuando el Perú crecía a un ritmo más alto.

Dicho esto, con los recursos con que cuenta, el gobierno puede hacer un trabajo eficiente y honesto. O no. Está por verse. Pero el resultado político le será adverso.

Por último, algunos creen que cosas como las expuestas en este artículo no se deberían decir aunque sean ciertas. Que es mejor hacer llamados a la unidad nacional y expresar buenos deseos. En realidad, eso lo hace el gobierno con los poderosos medios de comunicación con que cuenta y lo hace también la mayoría de personas que se manifiestan en los medios. Más bien creo que una pequeña dosis de realismo no hace daño. Y es necesaria.

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