Parejas reales, por Andrés Calderón
Parejas reales, por Andrés Calderón
Andrés Calderón

Jefe del Departamento de Derecho de la Universidad del Pacífico

“Siendo presidente ex banquero, ¿más CEOs de ese sector?”, “Ojalá Zavala anteponga intereses públicos”, “el Estado debe proteger el bien común al que debe ser funcional el bien privado” son algunas frases tomadas de la cuenta de Twitter del congresista electo Marco Arana comentando la designación de Fernando Zavala como el próximo primer ministro del Perú, al mismo tiempo que hacía evidente su talante antiempresarial.

Más allá de sesgos que parecen incorregibles, me pareció interesante hacer una reflexión sobre esa dicotomía entre lo público y lo privado, y aquella idea de que solo la función pública ayuda a la consecución del interés público, lo que, por contraposición, divorciaría a la actividad empresarial de aquel objetivo. Ejemplos cotidianos y recientes, sin embargo, me ayudan a evidenciar que el matrimonio actividad privada - interés público es más real que imaginario.

Hace unos días, el BBVA Banco Continental anunció que exonerará el pago de intereses por el uso de sus tarjetas de crédito en 1.000 establecimientos afiliados en todo el país. Una buena noticia que no necesitó de un mandato de la Superintendencia de Banca y Seguros, ni de un reglamento que estableciera qué comisiones y gastos están permitidos y cuáles no.

También hace unos días, Claro anunció que eliminaría las tarifas de roaming internacional en cinco de los países más visitados por los peruanos en la región. Dado que tienen redes de telecomunicaciones en dichos países, los usuarios peruanos podrán hacer llamadas y navegar por Internet en el extranjero y pagando tarifas locales. No hubo una regulación que la obligara a ello. El beneficio no vino del reglamento de tarifas del Osiptel, ni tampoco de las condiciones de uso que quieren estandarizar para todas las operadoras.

Son apenas dos ejemplos, de entre muchos otros tal vez menos mediáticos, de iniciativas privadas que seguramente generarán más beneficios al público que decenas de regulaciones y reglas burocráticas. ¿Que lo hicieron para ganar más dinero? Seguramente. Pero ello no convierte en vil ni menos apreciable este esfuerzo, sino más bien refleja cómo emprendimientos privados y lucrativos pueden generar al mismo tiempo beneficios a miles de personas, que en el agregado componen ese abstracto ‘interés público’.

Mientras reflexionaba sobre este punto, recordé otro tipo de acciones privadas que también hacen mucho por el interés público, sin necesariamente hacerlo en la búsqueda de lucro, o al menos no de una manera tan perceptiva.

Dos bancos, vale la pena nombrarlos también por su valentía –Banco Continental y Banco de Crédito–, apostaron por sacar al mercado productos financieros al alcance de parejas del mismo sexo, dándoles así un reconocimiento que hasta ahora el Estado les niega. El BBVA lanzó al mercado un crédito para que parejas de cualquier orientación sexual pudieran adquirir mancomunadamente un inmueble. El BCP, por su parte, anunció préstamos hipotecarios compartidos, préstamos vehiculares compartidos y préstamos de efectivo con garantía hipotecaria compartidos para todas las parejas sin distinción.

Las dos entidades bancarias forman parte de un cada vez más numeroso grupo de compañías (como Bembos, Absolut Vodka, Inca Kola, Dunkin’ Donuts, Miss Cupcakes, entre otras) que han expresado abiertamente su respaldo a la causa de igualdad de derechos entre heterosexuales y homosexuales.

Motivadas por un fin comercial o no, lo cierto es que estas compañías reaccionaron y se adaptaron a un mundo que va cambiando y va reconociendo también en la sociedad peruana la necesidad de tratar a todos por igual, en todos los ámbitos. Y en esto le llevan varios cuerpos de ventaja a los organismos del Estado.

La próxima vez que alguien enaltezca a una entidad estatal y menosprecie a la empresa privada por su supuesta separación del interés público, recordemos quién fue una mejor pareja.