Pensemos en el Perú del futuro, por Jaime Saavedra
Pensemos en el Perú del futuro, por Jaime Saavedra

La frase “Fortalecimiento de la educación” la hemos escuchado muchas veces. Siempre se ha dicho que la educación es prioritaria. Pero la realidad muestra que nos hemos conformado con poco y hace mucho que sabemos que la educación en el Perú no está donde debe estar. Siendo honestamente autocríticos y olvidándonos de posturas políticas, debemos reconocer que lo que se ha hecho en las últimas décadas es largamente insuficiente. A pesar del sustancial incremento reciente –solo entre el 2012 y el 2015 se está aumentando en 46%–, la inversión por alumno por año es poco menos que 1.000 dólares. Muy por debajo de México, Brasil o Chile. Y lejísimos de los países más pobres de la OECD (club de países industrializados al que pretendemos pertenecer en unos años).

Somos un país que ha crecido, pero seguimos teniendo una educación de país pobre. La evidencia es tangible. El salario docente hoy es menos de un tercio de lo que era hace cuarenta años. La valoración social y económica de la carrera docente en el Perú es muy baja. En Chile y Costa Rica, esa valoración social es el doble. En Corea, el triple. Y eso a pesar de que en los últimos tres años el salario docente ha crecido en 20%. 
Es tangible también en nuestra infraestructura. En los últimos dos años se han reconstruido o rehabilitado unos 2.500 colegios, con una inversión mayor a S/.6.000 millones. Cifra sin precedentes. Pero en el Perú existen 50.000 locales escolares.

Pongámosla clara. Un colegio que vale S/.10 millones requeriría cada año de, digamos, S/.400.000 de mantenimiento. ¿Cuánto recibió el año pasado? S/.30.000. ¿Y en las décadas anteriores? Cero. Por eso el 70% de nuestras escuelas requiere de intervención. En esa línea, calculamos que se debería invertir alrededor de S/.2.000 millones al año en mantener nuestras escuelas. Esta insuficiente inversión histórica la podemos ver también en la formación inicial y capacitación de los docentes, en mobiliario, en tecnologías de la información, etc. 

Eso no va más. No va más porque la educación es el condicionante de nuestro desarrollo. El bicentenario es un hito histórico en el que debemos hacer realidad nuestro compromiso de dar a nuestros estudiantes una educación que haga de todos ellos ciudadanos del mundo y peruanos dueños de su propio destino. Con docentes motivados y competentes, con contenidos modernos, con directores líderes de sus escuelas y con escuelas bien equipadas y organizadas.

Hay un conjunto de líneas de acción educativa por las que hay que continuar avanzando de manera sistemática. Ajustando y corrigiendo cuando sea necesario. Yo no recuerdo que un presidente haya dado un mensaje a la nación centrado exclusivamente en la educación. Eso ha pasado por primera vez hace unos días. Y la propuesta que allí se mencionó fue que, al margen de las diferencias políticas, estas deben ser políticas de Estado, y no solo políticas de gobierno.

Se propuso que el salario docente promedio al menos se duplique para el bicentenario. Es una inversión significativa, pero indispensable si queremos dar el valor apropiado al trabajo de quienes tienen en sus manos el destino de nuestros estudiantes, nada más y nada menos que el futuro del país. Ya tenemos una carrera docente meritocrática, en la que esos aumentos se dan a cada maestro en función al mérito y desempeño. Se ha establecido una ruta para que nuestros maestros cuenten con más apoyo para mejorar su trabajo en el aula, para incrementar la jornada en secundaria, para que en el bicentenario todas las escuelas tengan enseñanza de inglés de alta calidad y educación física, para que haya un colegio de alto rendimiento en todas las regiones, para que todos los niños y niñas que lo requieran tengan un maestro que domine el español y una lengua nativa. Una ruta para empoderar a los directores y mejorar la gestión de nuestras escuelas públicas. 

Se ha empezado a transitar una ruta que viene de años atrás, y que requiere de continuidad y persistencia. Requiere además de un esfuerzo financiero sin precedentes. La educación no puede ser un rubro más del presupuesto público,  en el que con buena intención se hace lo mejor que se puede alrededor de las restricciones financieras de corto plazo. No se crece para invertir en educación, sino que se requiere invertir en educación para sostener el crecimiento. No nos podemos distraer con el presente, tenemos que pensar en el Perú del futuro.