Pide que tu camino sea largo, por A. Huerta-Mercado
Pide que tu camino sea largo, por A. Huerta-Mercado

Se pierde en la noche de los tiempos y originalmente fue guardada hace cinco mil años en tabletas de arcilla redactada en escritura cuneiforme. Es la saga más antigua registrada por la especie humana: la epopeya sumeria de Gilgamesh. Gilgamesh reina en Uruk y lo hace despóticamente, la población tiene derecho de queja ante los dioses y estos envían a Enkidu, un formidable guerrero que puede confrontar al tirano. La pugna entre ambos se torna tan pareja que terminan siendo amigos y saltando a una vida de aventuras que implicará una épica lucha contra un toro casi imposible de vencer. 

Dos mil años después, parte de la saga más antigua de la literatura europea también es una suerte de camino heroico, con una segunda parte que pasa a nombrar de manera precisa el camino del héroe: “La odisea”. Ulises simplemente quiere regresar a casa, pero tiene todo en su contra: hechiceras, vientos, sirenas, cíclopes y al mismísimo Poseidón (ojo que el viaje es por mar). Ulises es paciente, astuto y crea sus propias oportunidades. 

Tres mil años más tarde se va gestando una serie de relatos que se cantan y que convergen en la saga de un formidable predestinado, el único que puede sacar una espada clavada en la roca. El rey Arturo es la encarnación de esta propia espada, Excalibur, invencible porque ha sido forjada por Merlín a fuego y agua, como es forjado el rey y su corte de Caballeros de la Mesa Redonda, cuyas aventuras incluso los llevarán en la búsqueda del cáliz sagrado.

Se denomina héroe cultural al personaje que rescata al mundo del caos. El caos parece encarnar uno de los grandes temores de la humanidad, el perder el control, la incertidumbre o sentir la amenaza de potencial destrucción. Así, durante los últimos cinco mil años, los héroes han robado el fuego a los dioses para traernos vida, han derrotado a dragones y gigantes. Cuando el mundo ha estado de cabeza, ellos han podido devolver las cosas a su antiguo orden y traer el cosmos a la Tierra. 

Es decir, nuestras angustias sociales han sido resueltas por paladines cuyos caminos han sido inmortalizados por el hermoso repertorio de mitología que hemos heredado como especie. La mitología, como el héroe, organiza nuestro mundo, habla de nuestros orígenes, de nuestros ancestros y de quienes se han ganado el derecho de ser imitados. Es, pues, una suerte de narración que ordena la vida caótica de los humanos.

Joseph Campbell, en una tradición bastante práctica, conjugó una serie de mitos que describían los caminos que los héroes recorren para convertirse en tales y encontró elementos constantes que se repiten en mayor o menor medida en cada saga. Podemos resumir el patrón de Campbell en su obra “El héroe de las mil caras”, imaginando a un personaje que vive una vida común en un mundo común y es llamado a la aventura. Nuestro personaje duda primero pero se lanza a dejar su zona de confort. En el camino conoce a un mentor y a indispensables aliados que lo ayudarán a pasar las pruebas que superan la suma de todos sus temores. 

Incluso algunos héroes vencen a la muerte y emprenden el camino de regreso, que no está exento de peligros, llevando consigo el elíxir, la flor sagrada, el cáliz sagrado, el talismán o aquello que originó su aventura y que hará al mundo un mejor lugar. Los regresos suelen parecer más cortos pero no están exentos de nuevas aventuras sin olvidar que llegará de vuelta a mejorar su mundo.

Desde una perspectiva antropológica, el modelo de Campbell descuida el hecho de que los mitos no pueden homogenizarse, pues solo pocas culturas tienen el concepto de tiempo lineal occidental, que la simbología depende de cada grupo social, que los mitos son campos abiertos a distintas interpretaciones y que no necesariamente los arquetipos son universales. Sin embargo, si volvemos a leer el modelo ejemplificado hace unas líneas, veremos que esta secuencia sucede tanto en las narraciones artúricas, homéricas, griegas y en la de los superhéroes que ahora pueblan nuestra pantalla. No es de extrañar que el hermoso modelo de Campbell haya sido usado como manual en la elaboración de cintas de acción por parte de los guionistas en Hollywood. 

Así, los héroes vuelven ahora no en forma de escritura cuneiforme, no en forma de cantos y relatos homéricos, no en cantos de bardo, sino que han paseado entre la historieta y el cine. Unos lo llaman la era de oro de las películas de héroes, otros lo llaman la decadencia del cine. Lo cierto es que en lo que va de la temporada, las películas de personajes de la Marvel y DC comics han mostrado héroes, curiosamente casi en simultáneo, peleándose no contra los necesarios villanos sino entre ellos mismos. Quizá sea un signo de los tiempos en que el caos y el temor lo encontramos no solo entre nosotros mismos sino en nuestro interior. 

Sintomático también es que una excelente cinta peruana del grupo Chaski, “La última noticia”, que narra precisamente la acción heroica de quienes enfrentaron la violencia que tanto nos afectó, haya sufrido por la competencia con los superhéroes peleando en nuestra cartelera. Honesta y bella en su producción, en “La última noticia” encontramos que también hay heroínas, hay héroes con dudas y cuyo único poder es no rendirse ante el miedo. También nos recuerda que hay héroes que hacen cine en el Perú, recorriendo un camino digno de saga. 

Quisiera terminar citando a un poeta griego, Constantino Kavafis, y su poesía llamada “Ítaca”, nombre del hogar que su paisano Ulises pugnaba por llegar:

“Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencia, en conocimiento”.

Y es que al final sí creo que hay algo universal, ya sea en los mitos sumerios, las narraciones griegas, los mitos celtas, los cómics, los block-busters, la aventura del cine peruano y en nuestra propia vida: el héroe y la heroína surgen al ser labrados por sus propios caminos, por sus propios desafíos y por la manera de encarar sus propios miedos.