"El planeta de los simios", por Pedro Canelo
"El planeta de los simios", por Pedro Canelo

Dani Alves no solo se comió un plátano caído. También se devoró a un estadio completo.  A la estupidez es mejor sacarle la vuelta con humor. Los hinchas del Villarreal quisieron burlarse de él y el futbolista brasileño les devolvió el boomerang con una repentina genialidad. Su mensaje fue simple pero tan contundente como patada voladora de Van Damme: todos somos monos. Mono soy y no me compadezcas. Alves recogió ese alimento natural rico en potasio y lo engulló con hambre de revancha. La cáscara la tiró al suelo, para que con ella resbalen todas las intenciones del próximo racista que aparezca en su camino.

El fútbol hoy nos regala una fórmula para exterminar el racismo de nuestras vidas. Si ellos quieren ofender, no te ofendas. Mejor nos reímos de la estrechez mental de millones de personas que, en su delirante abstracción de la realidad, asumen como insulto extremo la comparación con un mono. El racismo es también la consecuencia de una superlativa ignorancia. Lanzarle un plátano a otro ser humano es poner en evidencia una severa escasez de neuronas. A todos esos graciosos hay que regalarles libros escolares que expliquen como para brutos las diferentes teorías sobre la evolución humana.

Cuando amenazó con irse del campo en el 2006 después de ser insultado por los hinchas del Zaragoza, se comentó el tema por unos días. Lo mismo pasó el año pasado con los jugadores del Milán que se retiraron de un partido amistoso al escuchar tantos gritos de discriminación. Fueron fotografías fugaces de protesta. Ninguno tuvo el impacto mediático de Dani Alves.“Somos Todos Macacos" fue tendencia mundial en redes sociales por dos días. Con una cuota de gracia todo mejoró. En tiempos en los que se hacen marchas hasta porque llueve, hay mucha gente que se ha cansado de caminar indignada con la vida.

“Mono" jamás volverá a ser un insulto. Que lo sepan los que hacían la página web del Real Garcilaso, quienes usaron un simio para burlarse de su rival. Después, en un incomprensible comunicado de prensa, culparon a un ‘hackers' (sic). A esos no sólo hay que castigarlos por racistas sino regresarlos a primer grado con su libro Coquito bajo el brazo. Todos somos monos. Tiene razón Dani Alves. Aunque los racistas de estadio quizá seguirán con su “uh uh uh" hasta que les cierren las tribunas. Esos nunca serán monos. Los primates por lo menos aprenden al primer estímulo, algunos de estos barristas están por debajo de esa evolución natural. Pero no reneguemos más. Como decía Chaparrón Bonaparte: “no les hagas caso, Lucas". El que se pica pierde. Hagamos como Alves: él se tragó la fruta y los imbéciles sus palabras.