El primer trimestre de PPK, por Alfredo Torres
El primer trimestre de PPK, por Alfredo Torres
Alfredo Torres

Lo más interesante del “balance de los primeros cien días” –en realidad son tres meses– que ha hecho el gobierno son las declaraciones de Fernando Zavala señalando que encontraron el país “peor de lo esperado”. Otros ministros en privado han sido incluso más elocuentes.

En efecto, la idea de que se entregó una economía en crecimiento es un espejismo sustentado en la mayor producción minera de Cerro Verde y Las Bambas, dos proyectos gestados antes del 2011, y de una mayor pesca circunstancial. Con esas excepciones, se ha recibido el país con una economía estancada y, por si fuera poco, con un elevado déficit fiscal. Como escribió Gianfranco Castagnola el viernes en El Comercio, “en economía lo que no se siembra, no se cosecha. Lamentablemente, en el gobierno de Humala se sembró poco o nada”. 

Frente a esta situación, es positivo constatar que Pedro Pablo Kuczynski (PPK) y Zavala han logrado formar un Gabinete de buen nivel técnico, que luce cohesionado y que empieza a mostrar resultados. No se puede decir lo mismo de su bancada parlamentaria, donde los conflictos están a flor de piel. La mayor limitación de PPK parece estar en su bonhomía, que no le permitió hacer un buen filtro en sus listas parlamentarias y, luego, en el staff de asesores de Palacio. En cambio, su sencillez y sentido del humor –si evita algunos excesos– ayudan a que la población lo sienta cercano y confíe en él.

Con relación al Congreso, la conclusión es evidente: Fuerza Popular está decidida a ejercer su mayoría y Keiko Fujimori no va a aceptar insubordinaciones. Si no, pregúntenle a Yeni Vilcatoma. Keiko ha optado por el perfil bajo, pero no hay duda de que lidera su bancada. Su estrategia es clara, no quiere ser una oposición destructiva, pero tampoco comparsa del oficialismo. Por lo tanto, alienta a sus congresistas a ser muy críticos, pero al mismo tiempo mantiene una posición responsable en lo fundamental. 

Ante su debilidad en el Congreso, el poder de PPK se sustenta en la aprobación de la opinión pública. También cuenta con simpatías en el empresariado y la prensa, pero ambos sectores saben que lo fundamental es el apoyo popular. Por eso, es mucho más importante que en gobiernos anteriores que el presidente y su Gabinete estén en constante comunicación con la ciudadanía.

Es probable que este apoyo popular se mantenga hasta fin de año, las reuniones con las celebridades que vendrán al APEC y las normas que irán saliendo producto de la delegación de facultades deberían abonar en esa dirección. La presentación del presidente y nueve de sus ministros en CADE dentro de un mes será otra oportunidad que seguramente aprovecharán para despertar confianza tanto en el empresariado como en la opinión pública. Pero la situación se puede complicar el próximo año.

Son tres las fuentes de pérdida de popularidad gubernamental: la mala gestión, los escándalos y los conflictos sociales. La mala gestión lleva a una caída paulatina, pero sostenida en la aprobación presidencial. Los escándalos –sobre todo si son de corrupción– y los conflictos sociales –sobre todo si mueren manifestantes– llevan a caídas abruptas del apoyo popular. El gobierno debe trabajar en los tres frentes.

En la gestión, lo que más pesa es la economía y la seguridad. En el primer caso, el camino está claro: destrabar proyectos de inversión, desmontar sobrerregulaciones, reducir sobrecostos, mejorar la productividad y la competitividad. En el segundo, se requiere una profunda reorganización de la Policía Nacional. En la lucha contra la corrupción, lo fundamental es reducir las oportunidades en que los corruptos puedan meter la mano. Y sancionarlos ejemplarmente cuando se los descubra.

En los conflictos sociales, el mayor riesgo que enfrenta el gobierno es caer en la ingenuidad. El etnohumalismo (el movimiento de Antauro Humala, que no debería llamarse etnocacerismo por respeto al mariscal Cáceres) participó en los recientes hechos de violencia en Las Bambas, como estuvo antes en Tía María. Otros sectores extremistas también están organizándose. Se requiere mucha más inteligencia policial y política para anticipar sus acciones y evitar que terminen en estallidos de violencia social.

La ciudadanía demanda tanto una gestión pública eficaz que posibilite el crecimiento económico y el bienestar social como un Estado alerta que impida que la corrupción y la violencia lo saboteen. Para conducir el país no basta mirar hacia adelante. También hay que hacerlo hacia los costados y por el espejo retrovisor.