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A propósito del bicentenario, por Luis Millones

“La complejidad del proceso nos obliga a revisar la decaída enseñanza de la historia peruana”.

Luis Millones Antropólogo

Ruiz

“Los límites coloniales englobaban sociedades que en el proceso independentista mostraron características muy diferentes”. (Ilustración: Jhafet Ruíz Pianchachi)

La voceada fecha del bicentenario de la independencia, dada la apresurada marcha de celebraciones improvisadas, conviene acompañarla con algunas reflexiones sobre la conformación de los países latinoamericanos cuyos límites recompusieron el esquema virreinal. El libro de la Dra. Christine Hunefeldt “Crafting Borders”, aún sin traducción al español (editado por Yolanda Carlessi), nos recomienda que conviene entender el proceso emancipatorio del siglo XIX con una mirada en la que debemos “relativizar el valor de las batallas”.

Es un magnífico consejo, que nos evitaría el recuento, bastante gastado, de héroes y villanos consagrados por una narración que se repite hasta al infinito en la que se olvidan los motivos económicos que causaron los enfrentamientos, de la misma forma en que se dejan de lado factores como el reclutamiento, casi siempre forzado, de los combatientes, que siendo soldados también eran víctimas.

Es una tarea todavía no acabada la de tratar de explicar cómo Bolivia, Ecuador y Perú recomponen su accionar independiente, luego de tres siglos de haber sido un solo virreinato, y que Hunefeldt propone que debe verse a través de tres caminos como áreas de estudio: territorialidad, minería y contrabando, vías mucho más seguras que el sonido de los tambores y el galopar de las caballerías.

Había sido difícil imponer los nuevos límites coloniales del siglo XVI, por que las administraciones precolombinas y los lazos sociales y económicos a nivel de sociedades locales y regionales eran y siguen siendo muy fuertes. Hasta hace muy poco, las relaciones entre, por ejemplo, Piura (Perú) y Loja (Ecuador) eran suficientemente sólidas para el intercambio de productos e incluso de santos patronos y festivales.

Tal es el caso de la venta del acto central de la fiesta (guion, personajes y organización) de la pieza teatral “Bernardo del Carpio”, que compró en Loja la Comunidad San Lucas de Colán, y que hoy se presenta cada año en honor de la Virgen de la Merced, en la explanada que se abre frente a su magnífica iglesia.

Las acciones dramáticas fueron observadas por los piuranos en Ecuador y no dudaron en adquirirla para llevarla con éxito a la patrona de su pueblo.

Los límites coloniales englobaban sociedades que en el proceso independentista mostraron características muy diferentes, visibles en tiempos paralelos. Observemos el caso que presentamos a continuación: en 1810 el cura Miguel Hidalgo y Costilla proclamaba la independencia de México, con el tañido de campanas en la ciudad de Dolores (Hidalgo). Su accionar era parte de la respuesta criolla a la debilidad de España. En 1808, Napoleón había colocado a su hermano José Bonaparte (Pepe Botella), en el gobierno de Madrid, destronando a Fernando VII. Agitación similar podemos encontrar en Argentina, que desembocaría en las Juntas de Autogobierno de Buenos Aires, en el año 1810.

En Perú la situación debe estudiarse reflexionando sobre la naturaleza de su composición étnica y social. En Lircay, pueblo en el que el virrey Toledo centró la administración de las minas de azogue de Huancavelica, indispensables para el trabajo de la plata, surgió un fenómeno completamente distinto a los mencionados. El indígena Pedro Alanya golpeó la puerta de la iglesia y al sacristán le ordenó que encendiera las velas, porque iba a celebrar misa. Ante lo inesperado del mandato, Alanya le explicó que él era el apóstol Santiago, y le mostró que detrás suyo había una multitud de indígenas, mestizos e incluso algunos españoles, que venían acompañándolo para ser parte de la ceremonia.

Lo que siguió fue la llegada de tropas de milicianos, alertadas por el párroco, para reprimir la subversión y herejía, pero Pedro Alanya siguió predicando, ya que escapó de la prisión al día siguiente de su apresamiento (como lo había anunciado), y proclamó en los distintos lugares donde volvió a aparecer que arrojaría a los españoles del territorio andino, que era inútil perseguirlo ya que al ser Santiago, era el dios Illapa, al mismo tiempo.

¿Rebelión de europeizados criollos o mesianismo andino? La independencia de América es muchas cosas más. Ni Bolívar ni San Martín, en sus triunfos o derrotas, bastan para explicar el fenómeno social que cubrió todo el continente y que aún desconcierta a los historiadores. La complejidad del proceso nos obliga a revisar la decaída enseñanza de la historia peruana y tomar conciencia de que debemos hacerlo desde los años de la primaria.

Podríamos analizar a los gobiernos extranjeros que tuvieron al Perú como parte de su sistema colonial. En los programas de educación escolar apenas si se menciona la historia de España, a pesar de que la empresa de Pizarro es un episodio menor de las consecuencias de la Guerra de la Reconquista y la presencia musulmana en la península ibérica, que duró siete siglos. Tampoco se menciona a los reyes Austrias o Borbones que gobernaron América y sufrieron su independencia y la pérdida de poder en Europa. Además, deberíamos conocer algo de la piratería inglesa u holandesa que nos “visitó” tantas veces, sin olvidar los años que Inglaterra manejó el comercio nacional y sus primeros tanteos en la vida internacional.

Nuestros programas deben explicar abiertamente el rol de Estados Unidos en el desarrollo moderno de América Latina. Me parece una ingenuidad no hacerlo, porque se abren los espacios para versiones interesadas que fomenten algo tan equivocado como la ignorancia: la toma de partido sin conocimiento.

El libro de Christine concluye anunciando su próximo trabajo: tratará sobre los indígenas y la demarcación territorial del área amazónica. Por lo visto, le encanta escribir temas picantes y de muchas páginas. El texto es tan ambicioso como su libro mencionado líneas arriba. Pero esta vez mi colega, de ser estrictamente historiadora, tendrá que caminar por las vías de la antropología. La información para el libro que nos ofrece no está guardada en los archivos y es tan confusa como los límites marítimos, y de un cumplimiento igualmente azaroso y difícil de llevar a cabo. Le deseamos suerte y que vaya preparada para la navegación fluvial, el calor y toda clase de alimañas que encontrará en las fronteras.

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