Farándula¿Qué medidas de prevención se deberían tomar en caso ocurra un terremoto?
Los recientes terremotos registrados en la región vuelven a poner sobre la mesa la importancia de estar preparados ante un sismo ¿Cómo venimos en temas de prevención? Los especialistas Fernando Bravo y Miguel Yamasaki dan sus opiniones.
¿Estamos preparados?
Miguel Yamasaki
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La siempre evanescente y escurridiza prevención
Fernando Bravo Alarcón
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Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

En estos últimos días hemos estado todos atentos a la evolución del fenómeno de El Niño y los estragos que pueda causar, sobre todo a las regiones del norte como consecuencia de las lluvias intensas que se pueden generar. De pronto toda esta atención ahora se ha centrado en el terremoto ocurrido en Colombia de magnitud 7,4, y recién volvemos a recordar que nosotros también estamos ubicados en esta misma región, que es una de las que registra la mayor actividad sísmica en el planeta y que Lima no sufre un terremoto de gran magnitud desde hace 280 años.
El Instituto Geofísico del Perú viene advirtiendo que, debido a este silencio sísmico, se ha acumulado una gran cantidad de energía en la costa central del país, que al liberarse puede desencadenar un sismo de magnitud mayor de 8,8 que demandaría niveles de sacudimiento superiores a 500 cm/s2 y genere un tsunami que impacte en nuestras costas.
Para tener una idea de estos valores, durante el terremoto de Pisco del 2007 de 8,0 de magnitud, los suelos de la ciudad de Ica soportaron aceleraciones de 400 cm/s2 y en Lima del orden de solo 80 cm/s2, en resumen, sabemos dónde y de qué magnitud se espera que suceda este trágico e inevitable evento, lo que no sabemos es cuándo.
Por ello, debemos estar permanentemente preparados, recordar y poner en práctica las recomendaciones que Indeci nos brinda, como es elaborar nuestro plan familiar de emergencia, contar con una mochila de emergencia y caja de reserva, establecer las zonas seguras dentro y fuera del hogar, pero sobre todo participar con seriedad y responsabilidad en los simulacros de sismos, cinco minutos de práctica nos puede salvar la vida.
Nunca como antes la coyuntura nacional se ha visto marcada por amenazas naturales que podrían convertirse en desastres: al actual Niño costero y al anunciado fenómeno de El Niño, se suma el renaciente temor a que un terremoto haga trepidar nuestro accidentado territorio. Los recientes sismos de Venezuela y Colombia, como también el que se abatió sobre Chupaca y Huancayo (Junín), han vuelto a encender las alarmas y a poner en vitrina el concepto de prevención.
Palabra clave que resuena mucho en estos días, la prevención tiene la curiosa particularidad de ser una idea intensamente invocada pero tremendamente procrastinada cuando de gestión de riesgos y desastres se trata: mucho se la menciona, poco se la aplica. En el caso de la apretujada y caótica ciudad de Lima, aquella noción adquiere especial centralidad por el alto grado de vulnerabilidad que envuelve a la mayor parte de sus habitantes, entre quienes ni siquiera los más pudientes y educados están libres de riesgo. Si no, vean los edificios levantados sobre los acantilados de la Costa Verde.
En realidad, ya existe amplia información, así como pronósticos, advertencias y simulacros, como el de hoy, acerca de lo devastador que sería un sismo de gran intensidad en la ciudad capital; sin embargo, este paquete preventivo no logra cuajar en políticas y acciones firmes, permanentes y de alcance nacional. Al fin y al cabo, dirán, como la prevención, a diferencia de la reconstrucción, no genera votos ni aprobación ciudadana inmediata, no hay demasiados incentivos para materializarla. La propia ciudadanía, preocupada por el día a día, tampoco se compromete. Hay bastante ciencia, aunque poca conciencia.
Dicen que la prevención es tarea de todos, pero por acá los débiles impulsos preventivos solo se activan cuando un desastre golpea a otras realidades cercanas, como ahora justamente. Una ciudad como Lima, que está muy lejos de ser un entorno resiliente, necesita una memoria sísmica más activa y ejercitada. Si somos rigurosos, se trata de prevenir los riesgos más que los desastres.










