Hace dos días, explicamos desde este Diario las razones por las que, a nuestro parecer –y, a decir verdad, al de muchos más, entre expertos y autoridades–, el nombramiento de Wilfredo Portilla como director de Formalización Minera era un grave error de este gobierno. En resumidas cuentas, explicamos que Portilla poseía dos registros que fueron eliminados del Reinfo en la ‘limpia’ de más de 50.000 inscripciones que la administración de Dina Boluarte realizó en julio pasado. Como se recuerda, esa depuración incluyó solo a aquellos que no habían mostrado el menor interés en formalizarse, incluso por más de cuatro años, por lo que no hace falta ser muy imaginativos para saber qué intenciones tenían al mantenerse en el Reinfo (un reportaje que publicamos hace poco sobre Madre de Dios arroja bastantes luces al respecto).
Pues bien, descubierto el pasado de Portilla y el evidente conflicto de intereses que supone poner al frente de la dirección encargada de formalizar a los mineros informales a alguien que no mostró interés alguno en completar su propio proceso de formalización, uno esperaba que el gobierno de José Jerí rectificara.
Sin embargo, el jefe del Gabinete, Ernesto Álvarez Miranda, salió a defender el nombramiento de Portilla amparándose en que este “cumple todos los requisitos”, y que el hecho de que haya sido depurado del Reinfo por no reunir ni siquiera las condiciones básicas para mantenerse en él “no constituye conflicto de intereses, ni lo descalifica profesionalmente”. El presidente del Consejo de Ministros, lamentablemente, cree que basta con que Portilla no tenga impedimentos legales para que sea apto para el puesto, y prefiere –o finge– no darse cuenta de que las críticas a su designación se deben principalmente al peligroso mensaje de condescendencia que el gobierno da sobre la minería ilegal.
Por lo pronto, algunos parlamentarios ya le han trasladado al presidente Jerí su incomodidad por esta circunstancia e incluso han deslizado la posibilidad de interpelar al ministro de Energía y Minas, Luis Bravo de la Cruz. Y no sorprendería que, a raíz de las declaraciones del jefe del Gabinete, él también aparezca pronto en la mira del Congreso.
El gobierno, pues, se ha abierto un flanco innecesario, se ha metido por sí mismo en un terreno minado, y sus integrantes parecen ser los últimos en darse cuenta. Pero aún están a tiempo de enmendar.