"CAPTURA – CAMARADA GONZALO. Larga tragedia sufrimiento de la humanidad nos tocó vivir en todo el Perú por ese grupo de malnacidos inhumanos terroristas que encabezo el llamado camarada Gonzalo (Abimael Guzmán) después de larga lucha por la fuerza armada dirigido por el gobierno – el servicio inteligencia del país logra el objetivo principal de la captura de la cabecilla denominado Sendero Luminoso con extrategias diferentes como: recolectores de basura — médicos – mendigos – alcohólicos – ropa vejeros campesinos – vendedores – carteros etc. por otro lado los militares toman la medida de fuerza búsqueda en el campo con helicópteros rastrillajes casa por casa sorprendiendo de madrugada a los residentes en barrios marginales pensando que allí se encuentra los terroristas después de larga lucha y terror el pueblo queda aparentemente libre hay alegría en el país". (Fuente: MALI)
"CAPTURA – CAMARADA GONZALO. Larga tragedia sufrimiento de la humanidad nos tocó vivir en todo el Perú por ese grupo de malnacidos inhumanos terroristas que encabezo el llamado camarada Gonzalo (Abimael Guzmán) después de larga lucha por la fuerza armada dirigido por el gobierno – el servicio inteligencia del país logra el objetivo principal de la captura de la cabecilla denominado Sendero Luminoso con extrategias diferentes como: recolectores de basura — médicos – mendigos – alcohólicos – ropa vejeros campesinos – vendedores – carteros etc. por otro lado los militares toman la medida de fuerza búsqueda en el campo con helicópteros rastrillajes casa por casa sorprendiendo de madrugada a los residentes en barrios marginales pensando que allí se encuentra los terroristas después de larga lucha y terror el pueblo queda aparentemente libre hay alegría en el país". (Fuente: MALI)

Los niveles primarios de la ultraderecha peruana saltan a flor de piel a la primera de bastos. En esta ocasión, el motivo ha sido la llegada al país de una donación artística (de tablas de Sarhua y retablos) que contiene expresiones vinculadas a los tiempos de violencia vividos en el país y particularmente en Ayacucho.  

Sin ninguna consideración por los cauces de la razón, este sector político arremetió contra los artistas y el museo –el MALI– acusándolos de proterroristas y cómplices de Sendero, cuando una mirada algo sensata de los objetos le hubiera permitido percibir que se trataba más bien de una denuncia de la violencia, no de su apología (a veces uno duda si este sector político ultramontano carece de inteligencia o si solo estamos ante un esfuerzo premeditado de mala leche).  

Sería una buena noticia para el país que la ultraderecha peruana empiece a entrar en retroceso. Alcanzó su apogeo durante el gobierno de Alan García, quien se dedicó a resucitarla, darle aliento y auspicio (Iglesia, prensa, redes sociales, opinólogos, etc.) y ha intentado volver al poder agazapada detrás de la alucinante conservadurización del fujimorismo, perpetrada, contra el sentido de su propia identidad histórica, por Keiko Fujimori y Fuerza Popular.  

Los hechos políticos vienen jugándole en contra. La sociedad misma ya no se traga cuentos reaccionarios tan fácilmente como hace algunos años. Percibe con perspicacia que detrás de estas algaradas “antiterroristas” solo hay un intento de “posicionarse” nuevamente en el imaginario ciudadano.  

La mejor demostración de la pérdida de vigencia de este mensaje ultraderechista es la manera en que se trata de colgar de un discurso duro frente a una amenaza que ya no existe, por más que curiosamente celebren cualquier indicio para tratar de demostrar que el peligro sigue latente. Son los mejores propagandistas de los eventuales remanentes minúsculos de simpatizantes senderistas que pueda haber.  

La forma en que la ultraderecha nativa reacciona ante cualquier hoz y martillo en verdad revela cuán funcional le ha sido este fenómeno terrible de violencia a sus intereses políticos. Su propia decadencia va acompañada de la falta de inteligencia para diseñar otro guion que no sea el de la mano dura.  

Su recuerdo es, por supuesto, tuerto. Solo quiere rememorar la derrota del terrorismo, no quiere mencionar siquiera que se cometieron barbaridades para derrotarlo en contra de un pueblo que merece recordar todo lo que sucedió, sin cortapisas.  

Es curioso, además, cómo esta derecha clama porque se recuerde cuantas veces se pueda hechos como el de Tarata. Allí sí no entra en cautelas. Pero cuando artistas populares lo quieren hacer desde su microcosmos rural, se les vincula al terrorismo. Es racismo puro y duro.  

Es esencial a esta derecha el autoritarismo político, el juego al límite de las formas democráticas, propuesta que tal vez pudo ser entendida como reacción a los años espantosos de finales de los 80, pero que hoy carece de sentido. Esta vocación autoritaria la engalana y define su cortedad de vista. No puede leer las tablas de Sarhua, menos va a entender el país.  

La del estribo: notable puesta en escena de “Santiago, el pajarero”, de Julio Ramón Ribeyro, en versión de Daniel Amaru Silva y dirigida por Nishme Súmar. Escenografía y actuaciones de primer nivel. En teatro La Plaza. Va hasta fines de febrero. 

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