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Sentado en un banco de oro, por Jorge Ruiz de Somocurcio

Propuestas para rescatar del abandono al Puericultorio Pérez Araníbar y al hospital Víctor Larco Herrera

Sentado en un banco de oro, por Jorge Ruiz de Somocurcio

Sentado en un banco de oro, por Jorge Ruiz de Somocurcio

Hace unos seis años, entre el obispo Luis Bambarén y Jorge Chediek, representante  de la ONU en el Perú, acordaron convencer a la beneficencia para rehabilitar un sector del histórico Puericultorio Pérez Araníbar, en Magdalena, y destinarlo al proyecto Casa ONU, concentrando así las agencias del sistema en un solo ámbito. La idea prosperó y serviría para que la renta que pagara la ONU por los edificios que ocupara se dedicara a  mantener en buenas condiciones el resto de pabellones dedicados a albergar niños y niñas en abandono. Sin embargo, un informe de El Comercio (22/9/14) da cuenta del calamitoso estado del pabellón de niñas y la orfandad económica de la beneficencia para brindar condiciones adecuadas.

Recibí el encargo de hacer el proyecto de rehabilitación arquitectónica  en el 2009 y hoy funcionan ahí diez agencias del sistema. La sede ha sido testigo de pactos por la democracia, ha acogido a candidatos a la presidencia y a la alcaldía, y promovido estudios que aportan al desarrollo humano del país. Es un territorio liberado que apuesta por el futuro del país.

Sin embargo, las instalaciones que deberían mantenerse con los pagos del PNUD languidecen en deplorables condiciones. ¿Por qué? La beneficencia aduce falta de fondos, pero lo real es que falta gestión.

Frente al puericultorio, en la Av. El Ejército, está el hospital psiquiátrico Víctor Larco Herrera, conducido por el Ministerio de Salud, pero que también es de la beneficencia.  Visité a una paciente hace años y salí desmoralizado. Los pabellones se vienen abajo y las condiciones para los enfermos son críticas.

El hospital ocupa más de 21 hectáreas con una ubicación estratégica. Las instalaciones funcionan a menos del 50% y dos pabellones han sido considerados patrimonio cultural.

Se podría destinar un 20% del terreno a una alianza público-privada para un desarrollo urbano inmobiliario comprometiendo a su vez la reconversión del 80% en parques, alamedas, espacios públicos, recuperación de edificios patrimoniales y un hospital psiquiátrico de última generación, respetando el deseo del benefactor Larco Herrera.

Un Patronato Ad Hoc cautelaría que no se desvíe el uso de los fondos que produzca dicha alianza, permitiendo a su vez  recuperar y mantener el puericultorio.

Un solo proyecto urbano podría integrar ambas instituciones totalmente rehabilitadas para beneficio de la ciudad que ganaría un enorme parque frente al mar, resolviendo un problema social.

Instituciones municipales como la beneficencia, la Costa Verde, Emilima, Prolima, poseen un patrimonio potencial que puede representar fácil más de US$2.000 millones para respaldar el palanqueo de recursos privados para proyectos estratégicos. Pero se requiere otra visión de gestión y gobierno. Hasta el momento solo se ha perdido tiempo.

Concluido el último debate de candidatos a la alcaldía, nada nuevo bajo el sol. El cómo hacer y gestionar las cosas sigue siendo un misterio.

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