SUNAT estableció los plazos para la Declaración Anual de Renta 2025, que deberán cumplirse según el último dígito del RUC. Foto: Andina.
SUNAT estableció los plazos para la Declaración Anual de Renta 2025, que deberán cumplirse según el último dígito del RUC. Foto: Andina.

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Papá Noel no llegó
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Este año, Papá Noel no llegó a la casa de los contribuyentes, que solo pedían justicia tributaria. Ahora solo queda esperar que un milagro cambie el incremento de presión hacia los que siempre pagan impuestos, por un sistema justo y que busque ampliar la base tributaria.

En el 2025, la recaudación tributaria neta del Gobierno Central creció en 10,7% frente al año anterior, alcanzando un récord histórico (+ de S/175.000 millones). Desde la óptica fiscal, la noticia es positiva, pero para el contribuyente formal, la pregunta es: ¿a qué costo se logró este incremento?

Empecemos comentando que la designación de la nueva presidenta del Tribunal Fiscal la coloca en una posición casi de juez y parte. La funcionaria hasta hace poco se dedicaba en la Sunat a fiscalizar a los principales contribuyentes, y ahora se dedicará a revisar y corregir los excesos de la Sunat (algo no cuadra, ¿verdad?). Además, continúa teniendo un puesto dentro del Viceministerio de Economía, entidad encargada justamente de incrementar los ingresos públicos. Todo mal.

Muchos contribuyentes perciben una fiscalización cada vez más agresiva: desconocimiento de costos y gastos ya sustentados (por ejemplo, piden cotizaciones y contratos para comprar clavos, fierros y arena, no usuales en estas operaciones), cambios de criterio sin lógica razonable, contradicciones dentro del propio Estado y reparos que privilegian la forma sobre la realidad económica; en muchos casos, porque los fiscalizadores no entienden cómo funcionan los negocios que acotan. El resultado es un sistema donde cumplir no garantiza tranquilidad, sino que abre la puerta a procesos largos y costosos de defensa.

Luego, el uso extensivo de multas ha terminado por desnaturalizar su función. Por ejemplo, se multa por no entregar información que la Sunat ya tiene, y se sanciona a los independientes por no haber presentado 13 declaraciones en vez de una (que era lo que todos conocían). Así, por recaudar mucho en el corto plazo se consigue que formalizarse pierda atractivo y no se amplía la base tributaria.

A esta tensión se añade la inestabilidad institucional, que ha tenido seis jefes en dos años. Los compromisos que asumen los jefes de la Sunat –por ejemplo, en agosto el anterior jefe ofreció a los gremios mayor predictibilidad en las auditorías y reducir los costos de cumplimiento de las obligaciones tributarias– se desvanecen con tantos cambios. Y sin criterios estables, la predictibilidad se convierte en un imposible (ni qué decir de la planificación empresarial).

Mención aparte merece el llamado Infocorp tributario. Una mala calificación puede limitar el acceso al crédito, cerrar la puerta a contratos con el Estado y dañar la reputación empresarial (este sistema se basa en el modelo argentino, pero allí la información no se hace pública), muchas veces sin un procedimiento transparente y ágil para corregir errores. En la práctica, opera como una sanción encubierta, aplicada sin las garantías propias de un procedimiento sancionador.Nada de esto implica renunciar a la lucha contra la evasión o la informalidad. Implica entender que un sistema tributario sostenible necesita proporcionalidad, predictibilidad y respeto al debido proceso. La recaudación récord –que hoy se celebra– no debería ser el único indicador de éxito.

Si Papá Noel no llegó a la casa de los contribuyentes, ojalá obre algún milagro y las instituciones públicas enmienden el rumbo, porque sin (más) contribuyentes formales, no hay base que sostenga al Estado.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Fernando Cáceres Freyre es Director Ejecutivo de Síntesis Instituto

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