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"Tarjeta amarilla (para Castañeda)", por Pedro Canelo

Castañeda también podría pintar de amarillo el submarino Abtao. Con eso podría pasar como un fanático de los Beatles

Tarjeta amarilla (para Castañeda), por Pedro Canelo

Tarjeta amarilla (para Castañeda), por Pedro Canelo

El alcalde Luis Castañeda Lossio quiere seguir pintando contento con su brocha de pintura amarilla aquí podemos darle una sugerencia: los comunicados de la municipalidad pueden ser cartas amarillas que homenajeen a Nino Bravo. Si sigue con esa fiebre amarilla, el burgomaestre limeño podría ser confundido con un hincha del desaparecido San Agustín, el equipo ‘canario’. Castañeda también podría pedir permiso a la Marina de Guerra del Perú y pintar de amarillo el submarino Abtao. Con eso al menos podría pasar como un fanático de Los Beatles.

Los graffitis del Centro Histórico de Lima comienzan a despedirse del caótico paisaje de la capital. Vecinos inquietos por los avisos enviados por la municipalidad han colaborado en la extinción de estas oportunas expresiones de arte urbano. Luis Castañeda explicó que estas obras callejeras no tenían relación con la historia de la capital. Puede tener razón el señor alcalde, pero también debería preguntarse si las impunes combis, sospechosos taxis colectivos y demás improvisados medios de tránsito encajan con la armonía y vistosidad que debe tener la zona más entrañable y visitada de la capital. 

No sé si las paredes amarillas también son tan sobrias como para convivir con las escasas construcciones históricas que se mantienen en el Centro de Lima. Este gesto edilicio de aniquilar los graffitis más suena a esa costumbre tan triste y tan peruana de sepultar lo poco bueno que pudieron hacer los demás. Susana Villarán nos entregó una pésima gestión y fue una de las más fuertes decepciones electorales de los últimos 20 años (muchos de sus votantes están buscando a Marty McFly de “Volver al futuro” para pedirle el favorcito de regresar en el tiempo), pero es irrefutable su aporte a una Lima cultural que no teníamos. Y si una de sus herencias fue dejar el Centro Histórico con alegres expresiones de arte urbano, es muy penoso que la municipalidad venga con una brocha tan grande como la del perro Droopy para borrarlo todo. 

Es algo tan repetido como los capítulos de “Bonanza”  o de la “La familia Ingalls”: políticos haciendo invisible el mérito de los demás. Hay alcaldes distritales que borran placas, que cambian nombres de calles, parques o de asentamientos humanos. En otras grandes capitales de Sudamérica hay continuidad de obras y hasta acuerdos en relevos de autoridades (Bogotá y Medellín son dos casos emblemáticos). Aquí cada nueva autoridad que llega quiere practicar una lobotomía con la mente del elector para eliminar cualquier rastro del presidente o alcalde que estuvo antes.

Si Luis Castañeda Lossio quiere seguir pintando la ciudad, al menos que cambie ese amarillo patito que solo puede hacer juego con la recordada escenografía de “Patacláun”. Mejor que ese balde de pintura lo guarde para bañar a cualquier autoridad del municipio que, cuando las papas quemen, quiera hacerse invisible.

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