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Tía Yamila, por Alfredo Torres

Cuando la violencia acarrea víctimas mortales, es muy difícil sacar adelante un proyecto minero.

Alfredo Torres Analista político

Tía Yamila, por Alfredo Torres

Tía Yamila, por Alfredo Torres

“No vamos a negar que Southern tiene un grupo que apoya la minería, pero es un grupo ínfimo, no pueden decidir por las más de 30 mil personas que viven en el Valle de Tambo”. Las palabras de Jesús Cornejo, dirigente antiminero del valle, reflejan probablemente el sentir de muchos agricultores de la zona que se oponen al desarrollo de Tía María. Seguramente los que apoyan el proyecto no son un grupo ínfimo aunque sí menor a los que se oponen y hay un amplio sector neutral, pero la pregunta de fondo es si la opinión pública relevante a consultar sobre este tema son los 30 mil pobladores del Valle de Tambo o los 30 millones de peruanos.

Según la legislación peruana, los recursos naturales que están en el subsuelo son de todos los peruanos, no de los vecinos de la zona. Por lo tanto, es correcta la decisión del Estado de sacar el proyecto adelante y están equivocados los pobladores del Valle de Tambo si creen que tienen derecho a impedir el proyecto. En todo caso, si hubiese que tomar la decisión de continuar o detener el proyecto según la opinión de la población, el público más relevante por considerar sería la población nacional, mil veces mayor que la población del Valle de Tambo.

Lo que sí tienen derecho a demandar los pobladores del Valle de Tambo es un buen estudio de impacto ambiental, la mitigación de los impactos que hubiere y una apropiada inversión del canon y regalías mineras en la región, es decir, tener un mecanismo directo de transmisión de los beneficios del proyecto. De hecho, así lo hicieron en el pasado y lograron que la empresa decidiese invertir en una planta desalinizadora de agua para no afectar el acuífero del valle.

Lo que a veces se pierde de vista es que el sector que más puede ganar o perder con la ejecución o paralización de Tía María es la región Arequipa en su conjunto. Los 3.500 trabajadores que demandaría la construcción de Tía María así como los 1.000 empleos directos y los 30.000 empleos indirectos que generaría durante su operación serían en su gran mayoría para arequipeños. El círculo virtuoso de trabajo, consumo e inversión que generaría un proyecto de esta magnitud mejoraría la calidad de vida de miles de familias arequipeñas. 

Como se sabe, la inversión en Tía María supera los US$1.400 millones. A veces es difícil imaginar una inversión de esa magnitud. Para quienes gustan de la pequeña empresa pero recelan de las más grandes, una inversión de US$1.400 millones equivale a 70 mil pequeñas empresas que inicien operaciones con una inversión de US$20 mil cada una. La joven gobernadora de Arequipa, Yamila Osorio, no debería soslayar el impacto de tamaña inversión en la economía de su región.

Además del impacto directo de la inversión en empleo, están el canon y la regalía minera. La gobernadora de Arequipa debería escuchar a su vecino de Moquegua. Según el gobernador Jaime Rodríguez, esos recursos le permitirán ampliar y mejorar la infraestructura educativa para que “el 100% de los colegios de la región cuente con infraestructura adecuada”. Los S/.300 millones de canon que dejaría Tía María bien podrían ser invertidos con el mismo propósito, sobre todo en la zona de influencia.

En el Valle de Tambo concluyen el colegio, cada año, cerca de 500 jóvenes. Bastaría el 5% del canon que dejaría Tía María, es decir, S/.15 millones, para becarlos a todos para seguir estudios superiores a razón de S/.30 mil anuales por persona. Pero si realmente quisiera contribuir al desarrollo de la zona, el Gobierno Regional de Arequipa debería invertir parte del canon en la creación de un instituto tecnológico de alto nivel en Mollendo. La actitud de los pobladores de la zona sería muy diferente si supiesen que Tía María les garantiza la educación superior de sus hijos.

A un año de las elecciones, no es una sorpresa que haya agitadores políticos en la zona tratando de llevar agua a su molino con métodos violentos. Como la experiencia de Conga lo demuestra, cuando la violencia acarrea víctimas mortales, es muy difícil sacar adelante un proyecto minero. Por eso, la Policía Nacional ha hecho bien en actuar con prudencia, pero toca a las autoridades políticas liderar con visión de futuro. A diferencia de Gregorio Santos, que hundió a Cajamarca en una recesión sin visos de salida, Yamila Osorio tiene el desafío de sacar adelante un proyecto que tendría un impacto muy positivo en la economía y el bienestar de los arequipeños. Si lo consigue, bien podría rebautizarse el proyecto como Tía Yamila.

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