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Tipología del presidencialismo latinoamericano II
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Siguiendo con el desarrollo de la tipología del presidencialismo latinoamericano de Jorge Carpizo, corresponde sintetizar el desarrollo que hace desde la perspectiva de la realidad constitucional, habida cuenta de que en la anterior colaboración lo hicimos desde la norma constitucional.
Aquí hay cuatro elementos muy importantes a tomar en cuenta en el ser constitucional del presidencialismo latinoamericano: el sistema de partidos (en el que influye el régimen electoral), el gobierno de coalición, el gobierno dividido y el poder de la calle.
El sistema presidencial en la realidad funciona de forma esencialmente diversa dependiendo de si el sistema de partidos responde al sistema de partido hegemónico, al bipartidismo, tripartidismo, multipartidismo moderado o multipartidismo extremo. Por otro lado, su funcionamiento dependerá también de la habilidad del Poder Ejecutivo para negociar y llegar a acuerdos.
En los países en los cuales existe un partido predominante, lo más probable es que nos encontremos ante un presidencialismo hegemónico. No es lo mismo gobernar en un país con partido predominante que en uno con multipartidismo moderado o extremo, como puntualiza Carpizo.
El gobierno de coalición es aquel en el que el Poder Ejecutivo no es monolítico, en el sentido que el gabinete no lo integran miembros de un solo partido, sino de dos o más; lo que ocurre normalmente cuando no se tiene mayoría en el Congreso.
El gobierno dividido implica que el presidente no cuenta con mayoría en el Congreso y, por razones diversas, no forma una coalición de gobierno. Aunque esta circunstancia no implica per se que no pueda ser exitoso, lo cierto es que el gobierno tendrá dificultades mayores y es muy probable que se den mayores confrontaciones entre poderes, si es que el Congreso no aprueba las iniciativas presidenciales.
Resulta pertinente precisar que un gobierno dividido no necesariamente configura un presidencialismo débil. Si bien tiende a eso, en mucho depende de la negociación y la habilidad política del Ejecutivo, la fuerza de la opinión pública, el respeto y diálogo entre los partidos políticos y la cultura política de la negociación.
Si el pueblo decidió no otorgar todo el poder a un partido, los gobernantes deben ser sensibles a esa situación y entender que han recibido un mandato de diálogo, negociación y concertación entre los partidos políticos (algo que en el Perú parece que no se entiende, como se constata escuchando a algunos candidatos).
En América Latina, más allá de los poderes Ejecutivo y Legislativo, de las relaciones entre ellos y de la situación del presidente, está el poder de la calle, de las manifestaciones y movimientos sociales, lo cual puede configurar un presidencialismo débil, donde incluso el presidente pueda verse compelido a renunciar al cargo. Este fenómeno de sustitución presidencial, cuando no se desarrolla conforme con las normas constitucionales, implica la ruptura del orden constitucional (algo tan común hace unas cuantas décadas).
Desde la perspectiva de la realidad constitucional, puede distinguirse un presidencialismo hegemónico (donde existe un partido predominante, bipartidismo o bloque de partidos, y el presidente cuenta con mayoría en el Congreso); uno equilibrado (donde si bien no se cuenta con una mayoría, se intenta construirla con un gobierno de coalición o para determinados proyectos); y uno débil (casi siempre en un sistema multipartidista, más extremo que moderado, con una distancia ideológica marcada entre los partidos más fuertes, con un gobierno sin mayoría y que además opera dividido).

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