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Trump apostó por el madurismo sin Maduro
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Trump apostó por el madurismo sin Maduro

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Si tuviera que resumir en un titular el ataque militar del presidente a y la captura del exdictador Nicolás Maduro, sería el siguiente: “Operación militar: impecable; plan posterior: inentendible”.

El ataque militar fue digno de una película de Hollywood: tropas estadounidenses entraron en Venezuela durante la noche, capturaron a Maduro y se lo llevaron a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico. A juzgar por los primeros informes, no hubo muertes estadounidenses y solo hubo 40 víctimas, lo que fue un saldo menor para una operación militar de gran envergadura.

Pero el plan político de Trump para gobernar Venezuela tras la captura de Maduro es o bien un gran secreto que mantiene oculto o una improvisación total que podría dejar a Venezuela con un madurismo sin Maduro.

¿Hubo un acuerdo con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro y actual presidenta encargada, para derrocar al exdictador? Al momento de escribir estas líneas, no parece ser el caso.

En su conferencia de prensa del sábado, Trump dijo que de ahora en adelante Estados Unidos “manejará” el Gobierno de Venezuela y que Rodríguez sería una presidenta interina que cooperaría con Washington. Sonaba como un plan impresionante, salvo que Rodríguez apareció poco después en la televisión estatal venezolana denunciando el ataque estadounidense y diciendo que Maduro sigue siendo el presidente de Venezuela.

Más tarde ese mismo día, Rodríguez suavizó sus declaraciones, diciendo que esperaba un entendimiento con Estados Unidos, pero aún refiriéndose al exdictador como “presidente” de Venezuela.

¿Fue una expresión de deseos la afirmación de Trump de que Rodríguez cooperaría con Estados Unidos? El hecho concreto es que ella y el régimen de Maduro aún controlan el ejército, la policía y la televisión estatal.

Es cierto que Trump amenaza con una segunda ola de ataques si ella se resiste, pero la cosa no es tan sencilla: Rodríguez podría ser destituida por el ministro de Defensa, Padrino López, o por el poderoso ministro del Interior, Diosdado Cabello, si se acerca demasiado a Washington.

Si Trump no logra doblegar a Rodríguez por las buenas, necesitaría ordenar una invasión a gran escala, lo que no sería muy popular en Estados Unidos.

Juan González, quien fue asesor principal para América Latina de la Casa Blanca durante el gobierno de Joe Biden, me dijo que Trump necesitaría mandar entre 30.000 y 50.000 soldados a Venezuela para tomar el gobierno. Otros exfuncionarios hablan de hasta 200.000 tropas y dicen que habría muchas bajas estadounidenses.

Según una encuesta de Reuters/Ipsos realizada dos días después de la captura de Maduro, solo el 33% de los estadounidenses aprueban el ataque. Si Trump lanza una invasión, ese porcentaje caería aún más.

Resulta difícil pensar que Trump, quien hizo campaña contra las “guerras extranjeras”, se arriesgue a ordenar una invasión militar masiva.

Trump se equivocó al no incluir la restauración de la democracia entre sus prioridades y en no darle a la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, ni siquiera una mínima participación en el futuro de Venezuela.

Al contrario, la desprestigió: en su conferencia de prensa del sábado, Trump dijo que Machado no tiene el “respeto” del pueblo venezolano. ¿De dónde sacó eso?

Lo que es más, Trump ni siquiera mencionó la palabra ‘democracia’ en su primera conferencia de prensa posterior al ataque. Habló extensamente sobre el petróleo, el narcotráfico y la migración, pero nada sobre la restauración de la democracia.

Si hubiera presentado la captura de Maduro no solo como la captura de un narcotraficante, sino también como una medida para restablecer la democracia, podría haber enmarcado toda la operación como fruto de una alianza de Estados Unidos con Argentina, Ecuador y otros países para restaurar el Estado de derecho en Venezuela.

En resumen: al ungir a Rodríguez y enfocarse únicamente en el petróleo, el narcotráfico y la migración, sin anunciar una hoja de ruta para el retorno a la democracia, Trump se arriesga a perpetuar un régimen ilegítimo y brutal.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Andrés Oppenheimer es Periodista

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