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¿Ya viste ese video racista?, por Daniela Meneses

“Usemos, de manera responsable, los videos como arma de denuncia. Sí. Pero seamos conscientes de sus limitaciones, y démonos cuenta de que, al hacerlo, solo estamos rascando la superficie”.

Daniela Meneses Periodista y abogada

Racismo

“Los videos no suelen presentar la manera en la que en nuestro país el racismo no puede separarse de la clase social, la lengua, el género, la apariencia física o el nivel educativo”. 

Ese viral de la mujer insultando a una persona que trabajaba como vigía en Arequipa, ese de chicos gritándole a policías y ese otro post de Facebook de… ¿Nos estamos volviendo los peruanos cada vez más conscientes y menos tolerantes ante la discriminación racial? Quienes tenemos Twitter, Facebook, o vemos constantemente las noticias, podríamos creer que sí. Después de todo, daría la impresión de que cada vez hay más videos que exponen a racistas o ‘vigilantes’ de Internet que denuncian publicaciones discriminadoras.

Entre lo que mejor cristaliza lo que está pasando en las redes se encuentra quizás Blankitos Out of Context, una cuenta peruana de Twitter con más de 30 mil seguidores, que se dedica a colgar pantallazos y a exponer el racismo. Y aunque es cierto que muchas veces peca de excesos (y de sacar realmente las cosas de contexto), su existencia nos dice bastante del momento en el que vivimos.

Mañana es el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, y la ocasión amerita pensar en la (cada vez más frecuente) crítica a la discriminación en las redes.

No hay duda de que se trata de videos que nos interpelan, nos exponen, y nos hacen saber que hay comportamientos que no serán socialmente tolerados. El periodista Marco Avilés, autor del libro “De dónde venimos los cholos”, me decía que aunque él es de la opinión de que estas grabaciones deberían dar pie a más sanciones, campañas estatales o conversaciones en el plano político, cree que ayudan en la medida en que nos recuerdan que está bien denunciar, que quien es discriminado no tiene por qué esconderlo, que no es él quien debe sentir vergüenza, y que recibirá apoyo.

Pocos podrían, pues, dudar de los efectos positivos de este fenómeno. Pero, en línea con Avilés, ¿no es este un comportamiento quizás demasiado simple? ¿Y no corremos el riesgo de estar atacando solo la cara más disponible del racismo?

Pienso, por dar un ejemplo, en la discriminación en los colegios, donde quienes sufren son muchas veces niños y adolescentes que no tienen la edad ni el acceso a celulares para grabar un video. Según una encuesta de Grade y de la Fundación Van Leer 2011, el 22,1% de los adolescentes afroperuanos reportó haber experimentado alguna forma de discriminación en la escuela. El 50% de estos dijo que esta estuvo relacionada a su raza o a su color de piel.

Los videos no suelen presentar estas particularidades, sino que exhiben episodios más o menos similares de discriminación urbana. No suelen presentar, entonces, la manera en la que en nuestro país el racismo no puede separarse de la clase social, la lengua, el género, la apariencia física o el nivel educativo. Ni cómo en nuestro país la discriminación no es una sola, porque la que sufre un niño afroperuano no es la misma que la que sufre una mujer shipibo. Ni la que vive un quechuahablante en Lima es la misma que la que vive un descendiente japonés en Huancayo.

Es demasiado fácil, por otro lado, sentirnos satisfechos de nosotros mismos luego de haberle hecho retuit a una denuncia o incluso elaborado un indignado post en Faceboook. ¿Pero eso nos hace realmente parte de la solución? ¿Aplicamos el mismo estándar cuando la discriminación viene desde nuestro círculo? ¿De nuestros amigos? ¿De nosotros mismos? ¿No hay algo raro en que solo el 8% de las personas se considere racista o muy racista, pero que el 21% crea lo propio de las personas de su localidad o de su comunidad y el 53% de todos los peruanos?

Finalmente, y aquí termino, Avilés me alertaba de un punto adicional: hay que pensar qué impacto puede tener esta cultura del video, de la prueba, en poblaciones rurales que no tienen acceso tan fácil a redes o a cámaras. Se corre el riesgo, lamentablemente, de que sientan que, si no hay imágenes que lo demuestren, no podrán alzar la voz.

Usemos, de manera responsable, los videos como arma de denuncia. Sí. Pero seamos conscientes de sus limitaciones, y démonos cuenta de que, al hacerlo, solo estamos rascando la superficie.

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