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Algo tiene que cambiar (y pronto), por Juan José Garrido Koechlin

“Todo esto no son sino partes de un ecosistema donde lo que prima son las arremetidas”.

Juan José Garrido Koechlin Director periodístico de El Comercio

Bandera Perú

“Es desgarrador constatar cómo día a día este ecosistema salta de un enfrentamiento a otro, sin miramientos, contemplaciones ni vergüenza”. (Ilustración: Giovanni Tazza).

Queda claro que a nuestra clase política (que existe, más allá de lo buena o mala que sea), eso del bien público, las necesidades del país y todo el rollo democrático y del desarrollo, le importa poco menos que la decisión sobre si poner el pie derecho o izquierdo al bajarse de la cama. Porque, si de prioridades, posiciones, acciones y declaraciones se trata, lo suyo es el ejercicio más pueril y arrogante del poder por el poder mismo. Es decir, el uso de los cargos públicos, de los partidos políticos y de las redes institucionales como plataformas de desarrollo personal (y para algunos, de los suyos); si para eso hay que confrontar, insultar, defender lo indefendible y proponer lo imposible, pues ni modo. Primero lo que convenga en la búsqueda del poder, luego vendrá lo otro (y si no llega el tiempo para atenderlo, pues qué importa).

Es desgarrador constatar cómo día a día este ecosistema salta de un enfrentamiento a otro, sin miramientos, contemplaciones ni vergüenza. Y esto último es tan evidente, que permite predecir de manera certera que las cosas solo pueden ponerse peor. Entropía, si prefieren.

Las fuentes de enfrentamiento y polarización son, por cierto, múltiples; y aunque unos quieran ver esto como una lucha entre buenos y malos, entre honestos y corruptos, y así, lo constatable es que todos los bandos, en los distintos ejes de polarización, han caído en la misma lógica. Bien decía Jorge Luis Borges: “Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”. Y como para empeorar las cosas, pareciera que nos quedamos sin referentes. ¿Quién es el impoluto, el inmaculado que podría proponer una alternativa seria y confiable al país? ¿Cuál sería esa figura sobre la que podemos renovar nuestra confianza y esperanza?

Para no retroceder tanto en el tiempo, veamos como muestra la seguidilla de eventos desde los días previos al mensaje de Fiestas Patrias (hace tan solo un par de meses): Legislativo promulga por insistencia ‘ley mordaza’ alrededor de la pauta publicitaria estatal, escándalo de los audios (fiscal de la Nación incluido), Ejecutivo plantea referéndum, caída del CNM, de Los Cuellos Blancos del Callao, amenaza del Ejecutivo al Legislativo vía ‘cuestión de confianza’, aprobación de las reformas (amenaza mediante), negación judicial del indulto presidencial otorgado a Alberto Fujimori, amenaza del fiscal de la Nación al presidente Vizcarra, detención de la lideresa y de otros miembros del partido fujimorista, e inicio de una ‘ley Alberto Fujimori’ para que adultos reciban beneficios penitenciarios, entre los más importantes.

Todo esto, que suena a notas aisladas, no son sino partes de un ecosistema donde lo que prima son las arremetidas y el ajuste de cuentas. Sí, muchas acciones se enmarcan en lo legal y, por lo tanto, son indiscutibles. Pero, y esto es lo grave, pareciera que a nadie se le ocurre pensar en los costos de dichas acciones para el país y en los riesgos que se abren ante el escalamiento de la beligerancia. No me refiero a un caso en particular, sino a la recatafila de idas y vueltas entre bandos en disputa por el poder.

Y claro, en esta batahola no faltarán los que levanten las banderas autoritarias más rancias y anacrónicas. Ya sabemos, de igual manera, en qué terminan esas aventuras.

Alguien tiene que cambiar en su actuar, y pronto.

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