"En lugar de entender el mensaje de la performance como uno final y único, podríamos discutir, por ejemplo, qué significa considerar al Estado como cómplice de la violencia".
"En lugar de entender el mensaje de la performance como uno final y único, podríamos discutir, por ejemplo, qué significa considerar al Estado como cómplice de la violencia".
Daniela Meneses

Periodista y abogada

ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eres tú.

Hoy parece no haber punto medio: algunos aman y otros detestan la performance que nació en y que se viene replicando en otros países. Más que sentar una posición de uno o del otro lado, en este espacio quiero explorar las discusiones que esta ha abierto.

LasTesis es un colectivo interdisciplinario chileno que creó originalmente la canción y el baile que la acompaña con la idea de, en sus palabras, “llevar teorías feministas a un formato escénico de una forma simple, sencilla y pegajosa para que el mensaje de diferentes teóricas [...] [llegue] a más personas”. En esta ocasión, partieron del trabajo de la antropóloga Rita Segato para argumentar que las tienen que entenderse en el contexto social, no solo individual. Frases como “el violador eres tú, son los policías, los jueces”, ponen el foco, entre otras cosas, en las formas en las que sistemas de justicia corruptos e ineficientes se vuelven, en la práctica, cómplices de los perpetradores.

Una primera cuestión es pensar el balance entre lo que se gana –mayor alcance– y lo que se pierde –las particularidades, matices y complejidades– en este movimiento que va de la academia a la performance/. Precisamente en respuesta a esto creo que sería productivo considerar la performance no como un punto de llegada, sino como uno de partida. Es decir, en lugar de entender el mensaje de la performance como uno final y único, podríamos discutir, por ejemplo, qué significa considerar al Estado como cómplice de la violencia. ¿Hasta dónde llega su responsabilidad? ¿A qué agentes del Estado consideramos responsables y en qué formas concretas? ¿Cómo explicamos esto? ¿Y de qué manera se relaciona esto con la responsabilidad individual? Preguntas que sí involucran a Segato, pero también requieren cuestionarla e ir más allá de su trabajo.

Creo, por otro lado, que este ejercicio demuestra que estamos ante una discusión que trasciende el espacio del activismo: corresponde también a ambientes políticos más formales, a los medios de comunicación y a la sociedad en su conjunto. Sé que muchas personas no se han sentido interpeladas por la performance, y han decidido más bien marcar distancia. Pero si volvemos a las preguntas de fondo que esta presenta, esa distancia quizás podría comenzar a acortarse.

Ahora bien, siguiendo con las áreas de discusión que se abren con esta performance, habría que pensar en cómo trascender el binario de lo ‘útil’ o ‘inútil’. Y eso se puede conseguir partiendo de reconocer que este acto llega a diferentes grupos de personas. Para muchas víctimas, la performance se ha vuelto una validación de que ellas no deben cargar con la culpa ni la vergüenza, y una fuerza para contar lo que les pasó. Pero es cierto que ese no es el mismo efecto que ha tenido en, por ejemplo, personas más lejanas al feminismo o menos interesadas por la violencia de género o por este tipo de discursos. Diferenciar estos planos permite que la conversación vaya más allá de frases como un “pésima idea, así no van a convencer a nadie” o “esta performance es lo mejor del mundo” y reflexionar sobre con quién se logra un diálogo y con quién se obstaculiza.

Me falta espacio para hablar de muchos asuntos –como el valor afectivo de la performance–, pero no quiero dejar de mencionar la necesidad de pensar en qué sucede cuando este acto viaja más allá de las fronteras chilenas y latinoamericanas. Una pregunta que llama la atención sobre las maneras en las que distintas adaptaciones de la canción se convierten en un valiosísimo archivo geográfico de las formas de violencia de género. Pensemos, por ejemplo, cómo en la India se ha incluido una mención a la religión y las castas.

Espero, en fin, haber creado un mapa de algunas de las preguntas y cuestiones de fondo que trae esta performance. Uno que nos convenza, al menos, de que el asunto puede ser más complejo que un ‘me gusta’ o ‘no me gusta’.